Opinión | EL TRIÁNGULO

Niños pobres y negros, ese es el problema

Hoy debería ser un día clave para Vox. Si quiere presentarse como un partido serio y consecuente debería romper los gobiernos de coalición autonómicos a los que accedió mediante un pacto con el PP. Tendría que cumplir sus amenazas y anunciar que sus vicepresidentes de Aragón, Castilla y León, Murcia y Comunidad Valenciana y su consejero del Ejecutivo extremeño dimiten de sus cargos.

El PP de Feijóo ha aceptado con condiciones la propuesta de Sánchez para reubicar a menores migrantes no acompañados que llegan a nuestro país. Los territorios a los que arriban desde África como son Ceuta, Canarias y Melilla, por este orden, están desbordados. Exigen colaboración al resto de comunidades ya que solo las islas, por ejemplo, acogen a 6.000 niños y piden que al menos la mitad puedan viajar a la península para ser atendidos como se merecen. El líder del PP aseguró que cumplirá con su deber, aunque este parece circunscribirse únicamente al reparto de 400 menores y excluye la reforma de la Ley de Extranjería para que los traslados sean obligatorios y numerosos, tal y como solicitan los lugares saturados por la llegada de migrantes. El jefe de la oposición toma el camino del medio. A un lado sus acuerdos con Vox, al otro el gobierno isleño formado por Coalición Canaria y el PP y la responsabilidad de ser un partido de Estado.

Lo doloroso de este tacticismo político es que en medio de este tira y afloja del PP con Vox se encuentran niños. Miles de menores que se juegan la vida buscando un futuro mejor, que abandonan a sus familias por la esperanza de encontrar un trabajo y unas condiciones de vida que les permitan acceder a esa vida soñada. La que ven en televisión estos días en la piel de los jugadores de la selección española Lamine Yamal o Nico Williams. Este último explicaba estos días cómo su madre anduvo descalza por el desierto y logró darle pan y techo a sus hijos. «Nadie nace racista, es cuestión de educación», decía. Habría que llevarle a los colegios a explicar su experiencia.

Hasta hace poco tiempo parecía imposible que alguien cuestionara ayudar a un niño desamparado y sin recursos, pero el color de la piel ha vuelto a ser motivo de segregación. Si es negro y pobre la cosa cambia. Algunos creen que pueden vulnerar los derechos de la infancia según su procedencia. Vox intenta deshumanizar a los menores migrantes llamándoles «menas» como si el lugar de origen diera carta blanca para discriminarlos. Por si esto no fuera poco, intenta asociar inmigración con delincuencia para generar un rechazo al de fuera todavía mayor. Tristemente han logrado que millones de españoles se sumen a su cruzada y vean la inmigración como un problema.

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