El fútbol a veces es también cuestión de prioridades. Este viernes el Real Zaragoza dejó clara la suya, o la que lo era, al menos, para el partido contra el Sporting. Mantener la portería a cero. Pero el plan podría no haber salido tan bien como lo hizo. A pesar de no marcar gol, ni siquiera tener acercamientos realmente claros para ello, el equipo se llevó un punto contra un equipo que está, a falta del resto de partidos de la jornada y sobre todo pendiente del Rayo-Albacete, quinto en la clasificación. 

Pudo salir rana. Otras veces así ha sido. Este viernes, desde luego, la presencia de Cristian en la portería fue crucial para mantener esta a cero y empatar a nada. Sin goles ni de un lado ni de otro, pero con dos paradones del cancerbero argentino que ayudaron al equipo a no irse de vacío en La Romareda el día de San Jorge. Djuka pudo amargar la jornada a los blanquillos. 

La primera vez fue en el minuto 18. Todo comenzó por una pérdida del balón en un saque de banda, cuando el Zaragoza no estaba demasiado acertado en lo que a llevar la posesión se refiere. El Sporting se hizo con el esférico y tras una buena combinación de Manu García y Nacho Méndez el balón le llegó a Djuka. 

El delantero condujo ante Francés y sacó un punterazo raso inesperado. Allí estaba Cristian. El portero se lanzó para rechazar el balón y después de esto consiguió agarrarlo, una vez superada ya la sorpresa que había generado el visitante al disparar. Allí pudo haber estado el 0-1, pero no fue así. Ni tampoco en los primeros minutos tras pasar por vestuarios.

Javi Fuego se dispuso a sacar una falta algo alejada del área, pero en buena posición para poner el centro, cuando el portero zaragocista llamó a las asistencias médicas. Se quejaba de unas molestias musculares en el gemelo izquierdo. El juego se paró pero, tras ser atendido, Cristian siguió jugando. Fuego sacó la falta, Adrián rechazó de cabeza y la pelota le cayó de nuevo a Djuka. Ni se lo pensó, remató. Y allí estuvo de nuevo el guardameta, que se impulsó con esa misma pierna de la que se había quejado para realizar una buena estirada y sacar una mano salvadora. De nuevo. 

Así es como el partido no vio goles. Francés también colaboró con buenas intervenciones en defensa y, en ataque, sin demasiado despliegue ofensivo, se notó la entrada de Eguaras y James para refrescar el centro del campo y, sobre todo, el salto al césped de Iván Azón. El canterano intentó generar ocasiones desde el mismo minuto en el que entró. Pero el Zaragoza sabía lo que quería. O más bien lo que le bastaba en el encuentro contra uno de los aspirantes a jugar el playoff de ascenso. 

Si renunciaban a meter goles, si no arriesgaban para tampoco encajarlos, había probabilidades de sumar un punto. Y así pasó. Aunque también gracias a la actuación de Cristian Álvarez bajo los tres palos, sin el que otro gallo cantaría. Sobre todo ahora, que parece que el argentino ha vuelto a su mejor versión de la temporada y ha asegurado varios puntos al equipo en los últimos encuentros.