Aseguran en Santo Domingo de Silos que era un futbolista de los que entran por los ojos. Un delantero inteligente, rápido y con una inteligencia fuera de lo común para su edad. Tanto destacaba que el Real Zaragoza no tardó en percatarse de la calidad de un chaval al que reclutó en juveniles. Ya no había marcha atrás. El fútbol y Sergio caminarían de la mano durante muchos años. 

Porque, como entrenador, Pina también dejó huella. Bien lo saben en Santa Isabel, Giner o Teruel, donde resulta inevitable asociar su recuerdo con una sonrisa. Pero todo se detuvo hace un año y medio cuando, tras diversas pruebas, el médico le diagnosticó ELA, una enfermedad que ha frenado en seco el derroche de entusiasmo y pasión por el fútbol de Sergio, que el miércoles recibirá el abrazo de todo ese fútbol aragonés que tanto quiere y que tanto le adora. Será a través del canal de Twicht Las sandeces de Sande, por el que pasarán familiares y amigos de Pina reunidos en torno al lema si se quiere se puede. 

El homenaje, acelerado por la evolución de la enfermedad, incluye a Miriam, su esposa, el resto de familia y allegados del exjugador y extécnico zaragozano y a todos los afectados por la ELA. Porque la movilización alcanza a todos. También a futbolistas en activo como Ratón (Real Zaragoza), Ander Herrera (PSG), Miramón (Levante), Soro y Vallejo (Granada), Guti (Elche), Pombo (Cádiz) o Roberto López (Real Sociedad). Todos ellos ya han procedido a ofrecer sus camisetas para ser sorteadas, junto al resto de material recogido, entre los que procedan, a su vez, a realizar alguna donación a la cuenta ES08 2085 0141 9603 3071 5571.

El abrazo virtual agradecerá a Sergio su impacto en el fútbol aragonés y sobre todo, su huella como persona. Pero no solo será un homenaje a aquel chico menudo rápido y habilidoso del Silos que prometió fidelidad eterna al balón. Será un tributo a todos los que sufren la enfermedad y, sobre todo, la devolución, en cierto modo, de todo ese cariño y pasión que Sergio, un chico de fútbol, repartió por la comunidad. Cuentan en Silos que jugaba de maravilla, y que, ya entonces, la calidad de su fútbol solo era inferior a la de su persona.