No es la primera vez que lo dice. Con escrupuloso respeto, acatando y no manchando el rol que le corresponde dentro del colectivo al que pertenece pero también mimando esa pequeña facción individualista que todo delantero debe tener, Juanjo Narváez volvió a reclamar sin reclamarlo, a afirmar sin afirmarlo, a pedir sin pedirlo, cuidando la hondura y cada palabra de su mensaje, que le gustaría jugar más cerca del área, como al inicio de Liga. Y no partiendo desde la banda izquierda, ese espacio más alejado de donde se cuece el peligro en el que ha terminado ubicado por las carencias de la plantilla, sus propias condiciones y las necesidades del guion.

Narváez ha hecho casi el 35% de los goles del Real Zaragoza esta temporada y su peso específico en la capacidad realizadora total de un equipo solo lo superan Djuka en el Sporting y Rubén Castro en el Cartagena, autores de 21 y 14 tantos, respectivamente, cifras globales superiores a las del ariete colombiano (nueve).

Narváez ha terminado hundido a la izquierda, dejando el centro del ataque para el Toro Fernández, Álex Alegría o Iván Azón en sus minutos de meritorio en los finales de los partidos. Lleva cinco jornadas sin marcar, pero la configuración de la plantilla y las características tan definidas de sus compañeros de puesto, con cualidades más cerradas y menos versatilidad, hacen difícil que sus deseos se puedan cumplir. Pero no es ninguna locura lo que pide sin pedirlo. Que el jugador que más gol tiene del equipo sea el que más cerca esté del área.