Hace mucho tiempo que los números definen bien la labor de Juan Ignacio Martínez. También lo hace su trabajo desde que el 14 de diciembre cogió a un equipo que caminaba hacia el cadalso, a casi una desaparición definitiva con lo que suponía el descenso a Segunda B, o Primera RFEF, sabiendo que la revolución en enero era un imposible y que la trayectoria, con una victoria en 15 partidos, solo invitaba al pensar en el desastre cuando habían discurrido ya 18 jornadas y solo 13 puntos estaban en el casillero, dos de ellos de extra por la victoria en los despachos en Alcorcón. Desde su aterrizaje, acompañado por Juanma Guerrero, su segundo, y Javi López, preparador físico, su labor ha sido aunar voluntades y sumar, hacer creer al grupo que remontar la situación era posible y solo encadenar mensajes positivos. El resultado, con 34 puntos en 21 citas, en una vuelta completa, aunque con el calendario asimétrico, es absolutamente indiscutible, solo superado por los 36 puntos del líder y ascendido Espanyol.

JIM aceptó la llamada de Miguel Torrecilla, con el que ya había trabajado en el Cartagena, rozando el ascenso a Segunda, y el Salamanca, en una de las temporadas más brillantes de la Unión en la historia reciente antes de su desaparición. El Zaragoza había tanteado a otros técnicos, sobre todo a Víctor Fernández, pero también a Paco Jémez antes de la llegada de Torrecilla, que lo tuvo claro con el alicantino. Le ofreció un contrato hasta final de temporada, con un año más que se rompía solo en caso de descenso y le avisó que el margen de maniobra con los refuerzos iba a ser muy escaso. Donde otros técnicos vieron un problema gigante, insuperable por el teórico nivel de la plantilla diseñada por Lalo Arantegui, JIM abrió una puerta para su regreso al fútbol español, tras sus pasos por China y Kuwait, y arriesgó con su llegada al Zaragoza. Su idea, por cierto, es cumplir su contrato, se siente a gusto en el club y en la ciudad y ve muchas posibilidades de crecimiento si en la plantilla se tocan los resortes adecuados en los fichajes.

Su idea, por cierto, es cumplir su contrato, se siente a gusto en el club y en la ciudad y ve muchas posibilidades de crecimiento si en la plantilla se tocan los resortes adecuados en los fichajes

Llenó de mensajes positivos su aterrizaje, quería hacer creer a sus jugadores, aumentar una confianza perdida. Se trataba de aunar voluntades, de ganar en confianza y en eso se puso JIM con su método, con la ayuda de Javi Suárez, al que no conocía, pero que entró en su cuerpo técnico tras estar en el de Iván Martínez y tocando sobre todo el aspecto motivacional de la plantilla, que se levantó con la victoria ante el Lugo y la eliminación de la Gimnástica en Copa para llegar a Navidad con más aire.

Fortuna y trabajo

Siempre dice JIM que la fortuna le suele acompañar. La tuvo en su llegada en los primeros partidos, con el gol de Chavarría ante el Lugo con el VAR de por medio o ese pase copero en la prórroga, pero tras el parón el equipo competía mejor, tenía mucha más fe. Enero transcurrió con una mejoría, con buenos resultados y con una revolución limitada a las cesiones de Alegría, Sanabria y Peybernes, tres llegadas que implicaron salidas (Guitián, Raí, Papu o Jannick) y un desembolso escaso, porque era lo que Torrecilla le había pronosticado sin que las despedidas del Toro, imposible por la penalización impuesta en su cesión del Celta, de 200.000 euros, Vuckic o Larra ampliaran el margen.

En sus charlas, en los mensajes con los que llena el vestuario de pancartas, en sus diálogos individuales, JIM aunó voluntades. Nadie se alejó. Zanimacchia jugó en Las Palmas tras casi 4 meses fuera del once tras una gran semana de entrenamientos, a Larra le dio la oportunidad en Oviedo, al Toro le recuperó ante el Fuenlabrada tras 10 partidos fuera del once, con Iván Azón trabajaron y trabajan, él y sus ayudantes, al final de muchos entrenamientos para mejorar el nivel de un chaval de 18 años al que se le pedía llevar el peso goleador y las críticas arreciaban con el entrenador por no sacarlo en el once, a Zapater lo devolvió con acierto al equipo titular en el Tartiere y ya no le ha quitado, con Vuckic se llegó a disculpar por ser injusto con su nivel en los entrenamientos. Sumar, sumar y sumar. En público, pero también en privado, donde siempre resalta virtudes y capacidades, consciente de que la autoconfianza de los jugadores es vital.

La apuesta por el fútbol

En el Cartagena, entre el 2009 y el 2011, o en el mejor Levante de la historia, el único que ha tenido presencia europea, JIM dibujó equipos con buena capacidad con el balón y una propuesta atractiva, incluso en el Valladolid que bajó. Aquí entendió pronto que, en un Zaragoza con poco gol y no demasiado fútbol, la salvación pasaba por cerrar su portería. Lo ha hecho en 10 partidos de 21, con siete triunfos y tres empates (24 puntos) como balance, sacrificando el fútbol y apostando por el pragmatismo. El Mirandés tuvo el balón el 70% en La Romareda, pero perdió. Ante la Ponferradina o en Fuenlabrada, el Zaragoza no jugó bien, pero ganó. Maximizar virtudes y minimizar errores. Ese era el único camino. Y ese ha sido. Además, tras levantarse el equipo tras las derrotas ante el Alcorcón y el Oviedo o después de la dolorosa remontada del Rayo, las victorias ante Fuenlabrada y Almería colocaron al Zaragoza con 41 puntos a falta de 8 jornadas, en disposición de mirar la calculadora y saber jugar con los puntos, cuidando a un grupo extenuado mental y físicamente. 

El tiempo le ha dado la razón. No saca pecho y lo justifica en el grupo. Esa, de hecho, es la primera premisa de su método.

A JIM le ha dolido, claro, que se le acusara de no jugar bien o de ir a por el empate de forma premeditada. O no ha entendido la presión con la titularidad de Iván Azón o las críticas si alguna vez ha relevado a Francés, al que por cierto le tiene una fe infinita. Con otro Zaragoza, con entre seis y ocho fichajes al menos que eleven el nivel, sobre todo en ataque, con el crecimiento y los partidos sumados de los Bermejo, Francho, Azón, Sanabria, Chavarría o Francés, aunque en el caso del central su capacidad para rendir al límite le tiene conquistado, su Zaragoza recorrerá otros caminos, seguramente más estéticos, pero igual de prácticos.

Porque JIM quiere seguir, lo dice su contrato y también su corazón. Con la idea de hacer un Zaragoza más fuerte y que mire al ascenso. Su método, en urgencias, ha sido eficaz y efectivo, no exento de sufrimiento. Mucho, más que nunca en su carrera. Siempre habla del descenso del 2014 con el Valladolid, porque los pucelanos con los que se encontraba después le recordaban ese trance. El Zaragoza, en Segunda B, era un desenlace mucho peor y se arriesgó, sabiendo del déficit de puntos y del bloqueo mental e institucional. El tiempo le ha dado la razón. No saca pecho y lo justifica en el grupo. Esa, de hecho, es la primera premisa de su método.