Si como parece el Real Zaragoza termina consumándola, la salvación le pertenecerá a Juan Ignacio Martínez. Él ha sido el que ha protagonizado el milagro de los panes y los peces, el que con muy poca cosa ha conseguido mucho: multiplicar los recursos y alimentar la esperanza de la permanencia en la plantilla, en el club y en la masa social. Está muy cerca de alcanzarla. Su llegada al banquillo marcó el punto de inflexión de esta Liga. Del viaje a ninguna parte hasta mitad de diciembre al viaje hacia la supervivencia. Nada para celebrar pero toda una celebración. Cuando un día del futuro el Real Zaragoza vuelva a ser aquello que fue, que lo será, habrá que mirar con justicia al pasado. A quien como JIM ahora, o César Láinez y Víctor Fernández antes, evitaron un cataclismo histórico.

A falta del último impulso hacia la salvación matemática, en cuya orilla este barco podría varar esta misma semana, a Juan Ignacio Martínez hay que otorgarle el mérito. De donde otros no habían logrado sacar nada, él lo ha sacado todo. Es de absoluta justicia que las flores caigan sobre su figura y los elogios sean para él. A su lado, eso sí, hay que colocar el esfuerzo de los jugadores, que se rebelaron contra su lamentable inicio de temporada para mejorar individualmente y, cada uno desde su parcela, sumar para que la suma global fuese suficiente.

En un trabajo indudablemente colectivo, más todavía con la forma de entender el juego del entrenador alicantino (el individuo al servicio del grupo), ha sido importante la respuesta personal de algunos futbolistas. La de Cristian Álvarez, que mejoró su discreto inicio de Liga con actuaciones decisivas; la de Francés y Peybernes, que al alimón han construido un muro en el centro de la defensa; la de Tejero cuando Vigaray estuvo mal y la de Vigaray cuando Tejero dejó de jugar; la de Zapater, que ha aportado calidad en el balón parado, muchísimo oficio y ha elevado el nivel en el medio; o la de Iván Azón, que en muy poco tiempo ha conseguido mucho en momentos de riesgo extremo para el proyecto, cuando el equipo caminaba sobre una cuerda floja que estuvo a punto de quebrar.

Esta semana puede ser la de la permanencia matemática en Segunda. La de la salvación del Zaragoza en el fútbol profesional. A JIM habrá que atribuírsela. Y a los jugadores que le han seguido y lo han hecho triunfar.