El fútbol, como la vida, tiene un punto azaroso, que te lleva para aquí o para allí y cambia destinos. Al Real Zaragoza le ha sucedido durante esta etapa societaria en Segunda División tanto a nivel deportivo como en los despachos. Sobre el césped estuvo perfectamente orientado hacia la Primera División en tres ocasiones, en el playoff de Las Palmas, donde un cabezazo modificó su suerte por unos pocos centímetros, en el de Natxo González frente al Numancia, un partido para ganar por goleada que sin embargo terminó en eliminación, o la temporada pasada con la aparición de la pandemia y el equipo de Víctor en pleno estado de gracia en puesto de ascenso directo. También de puertas hacia dentro. La Sociedad Anónima estuvo cerca de cerrar alguna importante operación financiera que el covid desbarató.

Finalmente, con todas las vicisitudes de la vida, el Real Zaragoza bien podría haber llegado a este momento de la historia en otro punto, pero la realidad es que le ha tocado trabajar sobre este escenario, seguramente indeseado. Un contexto de máxima dificultad económica y la necesidad de encontrar una salida para garantizar el futuro de la SAD. Si todo culmina como los actuales propietarios esperan y la operación termina firmándose, el club pasará a manos de Spain Football Capital, un grupo de inversión con el abogado Kiko Domínguez y los hermanos Álvarez del Campo como cabezas visibles, con fondos latinoamericanos y europeos detrás. Esta vía se ha convertido en la mejor opción de entre las que han aparecido, de entre las posibles, siempre a juicio de quienes están liderando la venta.

A los principales accionistas, Spain Football Capital ha prometido una inversión en el tiempo de 55 millones de euros, una parte importante en cash y el resto con avales que, aseguran, ya tienen garantizados. Todo un maná para el Real Zaragoza, cuyo principal problema se llama justamente 50 millones de euros, la deuda a terceros de la entidad. En el trasfondo de la operación, muchas maniobras perfectamente calculadas y una prioridad: un club más saneado, con más dinero, con más capacidad para invertir en el límite salarial de la plantilla, con a priori mejores jugadores y, por lo tanto, con más posibilidades de subir. Esa es la teoría, de cumplimiento mayoritario sin duda, aunque la práctica enseña que a veces hay quien con mucho no lo consigue (el Almería, por ejemplo) y quien con poco, sí (como el Elche). De momento, por pasos. Primero, la firma. Luego, que aparezca el dinero. Y, luego, más cosas...