Entre el lunes y el miércoles de la próxima semana debe quedar definitivamente resuelta la venta del Real Zaragoza a la nueva propiedad representada por la sociedad Spain Football Capital liderada por los hermanos Alejandro y Carlos Álvarez del Campo y el abogado catalán Kiko Domínguez. En eso confía el propio club, que, al igual que los futuros compradores, da por segura la transacción, solo pendiente de solventar los últimos detalles y de que la familia Alierta, máximo accionista de la entidad, estampe la firma que ponga fin a su estancia al frente de la SAD.

Según asegura el propio club, no hay motivo alguno para preocuparse. La venta es segura a pesar de la impaciencia y cierto grado de escepticismo en la afición provocados por la dilación de un proceso cuya culminación hace tiempo que se da por segura pero que sigue sin cerrarse. Lo hará, aseguran desde la entidad, a comienzos de la próxima semana y antes de que acabe junio.

Si es así, la nueva propiedad tomará las riendas apenas una semana antes de que el equipo regrese al trabajo (el día 6 están citados los jugadores para las pruebas médicas para comenzar, el 7, la pretemporada). La oficialidad de la venta del club permitirá al director deportivo, Miguel Torrecilla, desbloquear todas las operaciones de entradas, salidas y renovaciones que continúan pendientes de que el traspaso de poderes se consume de una vez, si bien la premura de tiempo hace presagiar pocas novedades de cara al primer día del curso tanto en la llegada de posibles refuerzos como en la salida de futbolistas con los que no se cuenta para la próxima campaña.

Desde el propio Real Zaragoza se manda un mensaje de tranquilidad y confianza en que la operación saldrá adelante en apenas unos días. Entonces, la nueva propiedad deberá obtener la autorización y el visto bueno del Consejo Superior de Deportes (CSD), organismo encargado de supervisar la procedencia del dinero en este tipo de transacciones. En principio, la inversión que los compradores tienen previsto realizar en el Real Zaragoza superaría los 50 millones de euros, lo que, por un lado, permitirá reducir la deuda del club (más o menos a la mitad de los 71 millones de euros actuales) y, por otro, elevará el límite salarial con el que confeccionar la plantilla que ha de pelear por el retorno, nueve años después, a Primera División.

La vía representada por Spain Football Capital sería, pues, la única existente después de que la opción alternativa, a la que la familia Alierta había decidido esperar, haya quedado definitivamente relegada. Los hermanos Álvarez del Campo ejercerían también de inversores junto a otros europeos y latinoamericanos y su desembarco supondrá que, por primera vez, el Real Zaragoza quede en manos de propietarios no aragoneses o sin vínculo alguno con la comunidad. Asimismo, está prevista la salida del club de todos los consejeros actuales salvo Fernando de Yarza López-Madrazo, el que ofreció el club a los futuros inversores y que ejercería como nexo de unión entre la propiedad actual y la futura.