No tiene abierta de par en par James Igbekeme la puerta de salida en este verano, pero lo cierto es que tanto el Real Zaragoza como el propio futbolista ven bien un cambio de aires que en ningún caso será con la carta de libertad. Su situación, en ese sentido, es diferente a la de Vuckic, Larrazabal, Javi Ros o Pichu Atienza, a los que se les ha puesto la alfombra para que abandonen ahora la entidad zaragocista, aunque por ejemplo el centrocampista navarro y segundo capitán, se niega en redondo, porque por el jugador nigeriano se van a escuchar ofertas que, tras dos años irregulares, con demasiadas lesiones, hasta nueve percances físicos, la mayoría musculares, en ningún caso serán altas. Todo lo contrario. La cesión, con una opción de compra obligatoria, aparece como una posibilidad latente.

James llegó en junio de 2018 desde el Gil Vicente luso como una apuesta de Lalo Arantegui por la que el Zaragoza pagó 150.000 euros y que desde el principio se reveló como un tremendo acierto. Una temporada deslumbrante multiplicó su valor más de 20 veces. De hecho, tuvo varias ofertas por tres millones y el Granada llegó a poner cuatro sobre la mesa por el 50% del pase en el verano de 2019, pero Víctor, que ya había visto marchar a Pep Biel al Copenhague, cercenó cualquier opción de traspaso y el nigeriano se quedó con una promesa de mejora de contrato anunciada en febrero de 2020 y con duración hasta 2023. Esa mejora subió mucho su escalafón en el ranking salarial de la plantilla, ya que hasta entonces su ficha rondaba los 130.000 euros, pero lo cierto es que las dos últimas campañas han bajado su rendimiento, con demasiadas lesiones en el camino.

Muchas lesiones

Este curso pasado lo arrancó en la última fase de la rehabilitación  de una grave lesión en el aductor que le dejó fuera de la recta final de la 19-20 y del 'playoff' de ascenso a Primera. Cuando estaba a punto de volver para ponerse a disposición de Rubén Baraja sufrió una microrrotura en el recto anterior derecho y, ya a finales de noviembre, una rotura en el isquiotibial izquierdo, mientras que en marzo fue un esguince leve de rodilla. En total, ha jugado 25 partidos de Liga en este último curso, con solo 10 presencias en el once y con una aportación muy baja en el tramo final del campeonato. Pese a estar disponible, JIM solo le dio una camiseta titular en las nueve últimas citas del campeonato y en las dos finales, con la permanencia ya sellada, ni jugó.

El técnico alicantino, y también Torrecilla, considera que James puede dar mucho en la medular zaragocista, por su potencia y su capacidad para romper líneas. Lo ve más en el medio que escorado a la banda, donde Víctor lo situó también, pero su tendencia a las lesiones y sus altibajos de rendimiento, con un tono gris en su aportación que apenas ha superado en los dos últimos años, llevan al Zaragoza a pensar en una salida que el futbolista también se ha planteado tras lo vivido en la recta final del campeonato. Así, sus agentes, la poderosa Wasserman, trabajan en esa vía, sabiendo que cualquier oferta de traspaso va a ser baja tal y como está el mercado y el nivel reciente dado por James. De hecho, en Transfermarkt su valor de mercado es ahora el mismo que en 2018, cuando vino del Gil Vicente, 400.000 euros, mientras que solo un año después era de 2,5 millones.

Por eso, la cesión aparece como alternativa para buscar una revalorización o una venta segura si la opción es obligatoria. Si James, finalmente, se queda, Torrecilla y JIM están convencidos de que puede reconducir su rendimiento y que se aproxime a lo que demostró en su primer año en el Zaragoza. No va a ser un problema su continuidad. Pero la opción preferida es una salida, sin priorizar si en España o en una Liga principal europea, aunque de momento el 6 de julio estará en las pruebas médicas del equipo para empezar su cuarta temporada como zaragocista, teniendo en cuenta que desde 2018 ha vivido ya un año de explosión en su primera temporada, una renovación y mejora salarial merecidas y una caída de rendimiento hasta convertirse en habitual suplente con JIM.