Contra el Ibiza, en el debut en la Liga en La Romareda, el Real Zaragoza ofreció una imagen plana, sin ningún resorte al que agarrarse. Fue un estreno decepcionante. En Valladolid, en la segunda jornada, el equipo de Juan Ignacio Martínez volvió a perder golpeado por la pegada local y por su propia falta de puntería a pesar de dominar el encuentro en los últimos 20 minutos de la primera mitad. De regreso a casa ante el Cartagena, otro desengaño. Derrota y los mismos males: partido soso pero con varias oportunidades claras no culminadas.

Todo comenzó a cambiar en Alcorcón, donde el Real Zaragoza se repuso al 1-0 en contra y le dio la vuelta al marcador para sumar el primer triunfo de la temporada. En Fuenlabrada, el equipo jugó a su mejor nivel hasta ahora. Practicó un gran fútbol en la primera parte, ensuciada por un número impropio de errores en la definición y por desatenciones en el balón parado. Al final, rescató un empate en las peores condiciones.

El resumen numérico de este arranque de campeonato se sintetiza en cinco puntos de quince, mal balance. Pero, también, en cuatro de los últimos seis en dos encuentros consecutivos como visitante, en los que aparecieron destellos sólidos de luz. Este sábado, frente a la Real Sociedad B, el Zaragoza tiene que confirmar qué Zaragoza es entre todos los Zaragozas y hacia dónde va. Incidir en las virtudes que ha empezado a enseñar en los partidos más cercanos y pulir sus imperfecciones, especialmente en la suerte del gol. Los delanteros, sobre todo. Ninguno de ellos ha conseguido todavía marcar, señal inequívoca de un desajuste que los protagonistas y Juan Ignacio Martínez deben corregir.