La declaración de intenciones quedó patente ya desde la pretemporada, cuando Juan Ignacio Martínez anunció un Zaragoza «reconocible». Se refería al técnico a ese ADN al que suele apelar para describir ese estilo propio que viene definiendo al conjunto aragonés a lo largo de su prolífica historia. Salvo contadas excepciones, el Zaragoza y el balón siempre se han conjugado juntos en una mezcla indisoluble salvo emergencias o necesidades del guion como la de la pasada temporada, cuando el propio JIM se vio obligado a recurrir a otro patrón para sobrevivir. Ahora, el objetivo cambia. Y el plan también.

«Vamos a ser un equipo reconocible, protagonista con el balón, con presión alta tras pérdida. Intentaremos jugar desde atrás y generar espacios», expuso el técnico alicantino antes del inicio de una competición que ha mostrado, efectivamente, un Zaragoza con esa fisonomía. De hecho, el equipo aragonés ha superado en posesión a los seis rivales a los que se ha enfrentado hasta el momento. 

Solo en el estreno ante el Ibiza el dominio del esférico estuvo algo más disputado, pero fue el Zaragoza el que lo tuvo durante más tiempo (52%). Desde entonces, el control de los aragoneses ha sido más claro, con posesiones siempre en torno al 60%. El Zaragoza controla los partidos, pero no las áreas y la clasificación dilapida las buenas sensaciones.

Ese Zaragoza con identidad y estilo propios gobierna los partidos, pero falla en las zonas de influencia. Su control del balón es claro, también como consecuencia de haber ido por detrás en el marcador en cinco de los seis encuentros disputados, con la consiguiente necesidad de disponer del balón para acometer una remontada que solo llegó en Alcorcón, donde el Zaragoza tuvo el 62% de la posesión. En Valladolid, frente a un recién descendido, los aragoneses también tuvieron más la pelota (56%) que su oponente, al igual que en los dos últimos partidos jugados en La Romareda con un 58% de posesión frente a Cartagena, que marcó en la segunda parte (0-1) y Real Sociedad B (1-1).

En Fuenlabrada, el Zaragoza también rondó el 60% del control (59%), dando continuidad a una concepción del juego en la que la pelota está por encima de todo, con Eguaras brillante en un inicio de temporada marcado por la flagrante mejoría en el juego estático, una pesadilla a lo largo de la pasada campaña. «Habrá momentos. El equipo tiene un ADN que no se puede cambiar pero habrá partidos que habrá que modificarlo cuando, por ejemplo, el rival te someta. Hacer las cosas bien no solo es ser protagonista y tener la posesión, sino controlar las dos áreas y a partir de ahí crecer», indicó JIM antes del encuentro frente al Cartagena. 

El Zaragoza, pues, sabe a lo que juega, aunque la falta de gol y errores en el área propia le están lastrando. Pero el plan está claro y es radicalmente opuesto al que JIM tuvo que recurrir a su llegada, la pasada temporada, para salvar a un equipo a la deriva. Entonces, la solidez y el orden atrás eran una cuestión de vida o muerte y el balón quedaba relegado a un plano muy secundario. De hecho, solo en nueve de los 24 partidos dirigidos por JIM en la 2020-21 el Zaragoza dominó más la pelota. Y, de hecho, derrotó a Mirandés, Almería o Las Palmas con apenas un 30% de posesión.