Jesús Valentín (Adeje, 1991) regresó a Canarias tras un largo periplo fuera en el que militó, entre otros, en el Real Zaragoza, al que llegó, en enero de 2017, procedente del Huesca. Apenas duró un año en la capital aragonesa antes de recalar en el Córdoba. Ahora, en La Palma, está viviendo en el Mensajero un inicio de temporada preocupante a causa de la erupción del volcán Cumbre Vieja. De hecho, hasta le ha afectado en lo personal, ya que su hijo de corta edad no puede visitar La Palma debido a la ceniza y a los gases lanzados por el volcán. «La verdad es que desde que estoy aquí es lo peor. En mi vida he vivido nada así. Yo soy de Tenerife y mi hijo no puede estar aquí conmigo por los gases, por la ceniza y demás, por lo que me está costando mucho. Estoy cerca de todas maneras y cuando tengo un día libre voy. Pero también por las familias de aquí, que lo están pasando súper mal. A la gente que vivía cerca del volcán le está afectando mucho», asegura el futbolista en una entrevista a Diario Córdoba.

La angustia no cesa en una plantilla en la que figuran varios compañeros que residen en la isla. «Tenemos tres compañeros que viven cerca y nos pasan vídeos y fotos que te parten el alma. Te da miedo primero, pero luego te parte el corazón porque piensas que te podría pasar a ti y, además, es que no puedes hacer nada. Aunque quieras no puedes hacer nada. Es una impotencia muy grande».

El comienzo de todo fue lo más duro. La angustia lo inundó todo. «Lo peor fueron los primeros días. Habíamos jugado ese domingo en San Fernando, que ganamos. Estábamos comiendo para ir al aeropuerto y empezaron a llegarnos a los móviles mensajes de que había estallado el volcán. Pusimos las noticias y es impactante, pero llegas aquí y te das cuenta verdaderamente de lo que es. Cuando lo ves en persona es otra cosa», asegura el futbolista, que agradece la solidaridad mostrada desde todos los rincones del país. «Creo que al final si alguien puede ayudar y no le cuesta, no pierde nada. Hay muchas familias que han perdido su casa, su vida, su trabajo, sus terrenos... Si podemos ayudar y poner nuestro granito de arena… Nosotros hemos mandado ropa y cosas para allá. Y es verdad: si uno puede hacerlo echas una mano a quienes lo necesitan». 

Porque el drama continúa. «Esta mañana, entrenando, un compañero me dijo que la lava igual coge dirección a casa de sus abuelos. Imagina cómo te quedas. La incertidumbre está y eso te come un poco», asegura el exzaragocista.