Serrano, pero de pata negra. El extraordinario partido de Francho le señala como el gran artífice de la extraordinaria victoria del Zaragoza ante el Eibar. Eso sí, con permiso de su gran amigo, de su mejor socio, de su aliado y cómplice y del futbolista que mejor conoce: Alejandro Francés, un central extraordinario que ayer marcó su primer tanto como profesional en el Real Zaragoza. La rúbrica perfecta a otro excelso encuentro del canterano, que se llevó a casa, de nuevo, la cabellera de uno de los mejores delanteros de la categoría, Stoichkov, al que ya le amargó la vida la pasada campaña.

Esa conexión aragonesa guio a un Zaragoza soberbio que se impuso con todas las de la ley a un Eibar que había perdido uno de los 16 últimos partidos y que llegaba a La Romareda dispuesto a recuperar un puesto de ascenso directo. Pero el conjunto armero se topó con un rival colosal que realizó uno de los mejores partidos del curso. Por la talla del oponente y, sobre todo, por la envergadura del propio Zaragoza, un equipo que siempre mira a los ojos y al que su entrenador le ha dotado de un carácter competitivo que obliga a soñar.

Esa sonrisa que el zaragocista lucía de oreja a oreja a la salida del estadio es la misma con la que La Romareda recibe a sus dos niños cuando su nombre suena a través de la megafonía. Francés y Francho encarnan la esperanza, la fe y un juramento de amor eterno. Ellos son el Zaragoza y a ellos se encomienda en cuerpo y alma una afición entregada a esos dos niños que no superan la veintena pero expertos en gestas y sueños.

Porque Francés y Francho, futbolistas de Primera División, son ganadores natos que logran todo lo que se proponen. En un tiempo récord, ganaron la Liga y la Copa de Campeones con el juvenil, al que llevaron por primera vez a la Champions, llegaron al primer equipo, se consolidaron y lo rescataron cuando se iba directo al abismo. Si ahora se han propuesto devolverlo al lugar que perdió hace casi una década, se dejarán el alma en el intento. 

El partido de ambos fue colosal. El central completó el encuentro perfecto. Inabordable atrás, sereno en la salida e incisivo a balón parado. Su estreno goleador con el primer equipo no pudo llegar en mejor momento. Justo a tiempo para asestar ese golpe sobre la mesa que advierte al resto de que el Zaragoza está al acecho.

Pero el duelo ante el Eibar también se recordará por el recital impartido por la otra joya de la corona. Francho Serrano completó, seguramente, su mejor actuación como profesional. Estuvo arriba y abajo. Delante y detrás. Decisivo. Su despliegue fue espectacular. Excelso en las ayudas y las coberturas, brillante con el balón y con presencia intimidatoria en las dos áreas. 

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Tuvo que ser Francho el ejecutor del primer saque de esquina que acaba en gol. Por ahí había desfilado medio equipo: Zapater, James, Eguaras, Bermejo, Vada... pero fue la conexión entre los dos canteranos la que acabó con el maleficio. Francho y Francés. Francés y Francho. De valor incalculable.

Incluso cuando no ha estado cerca de su mejor versión, Francho ha sido siempre el más regular de la medular. Es el más joven de toda la zona, pero también el más necesario. Como Francés, ese defensa al que muchos poderosos siguen demasiado de cerca. La Romareda presume orgullosa. Identidad, compromiso y orgullo. Y arrojo. Aquí están, estos son...