La realidad siempre es la que es. Por el momento, la del Real Zaragoza es la siguiente: después de 23 jornadas marcha decimosexto, por lo tanto tiene a quince equipos por delante y solo a seis por detrás. Ha sumado 27 puntos de 69 posibles, un triste 39,1% del total, tiene el primer puesto de playoff a diez de distancia y la zona de descenso, a seis. Ese es el balance numérico de esta primera parte del campeonato, lo que da idea de la pobre nota que ha obtenido el equipo de Juan Ignacio Martínez hasta la fecha, con la Liga ya bien entrada en el invierno pero aún no terminada. Hay mucho ya hecho. Todo ello sin posibilidad de corrección. También queda mucho por hacer y tiempo para hacerlo.

Para esto es para lo que ha dado la plantilla que Miguel Torrecilla proclamó como candidata a estar en la pomada, entre las elegidas para las causas mayores. No ha sido así. Tanto no lo ha sido que el director deportivo ha iniciado una profunda revolución en enero para cambiar de manera relevante la fisonomía del equipo.

Después de la controvertida salida de Enrique Clemente con destino la Real Sociedad B, sobre todo por las ventajosas condiciones de compra a favor del club vasco, el segundo movimiento ha sido la incorporación de Jaume Grau en propiedad, mediocentro de 24 años que no ha cuajado en Primera en el Osasuna y con experiencia en Segunda en el Lugo y en la Liga portuguesa, donde destacó. Será la primera pieza que hará caer otras como un efecto dominó. En la puerta de salida continúan Eguaras, el gran sacrificado, y también Adrián, Bermejo, Yanis y Ros, operaciones en marcha, escogidos para abandonar el proyecto por factores deportivos, de comportamiento, motivacionales o de química. Además de James, que ha buscado su salida. Por la de entrada desfilarán varios jugadores más.

Restan doce días para completar una importante revolución por la más simple de las razones. El Real Zaragoza está en una posición delicada. La realidad ha demostrado que la plantilla que construyó Torrecilla en verano no daba para pelear por la pomada. Había que reestructurarla.