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El Periódico de Aragón

La opinión de Sergio Pérez

La obra de arte de Borja Sainz y el gol de la placa de Pelé

Borja Sainz celebra el extraordinario 1-0 al Girona en La Romareda. REAL ZARAGOZA

Recorría el reloj el minuto 40 del partido entre el Santos y el Fluminense el 5 de marzo de 1961 en el estadio Maracaná cuando Pelé hizo uno de los goles más bellos de su carrera. O Rei recibió la pelota de Dalmo cerca de su propia área, se la cosió al pie y emprendió una carrera feroz hacia el arco rival. De camino hacia la gloria dejó rendidos a siete contrarios entre engaños, esprints y regates, incluido el portero, al que venció en la culminación de una obra de arte de casi 90 metros de distancia. Según recogen los libros de historia de la época, en la cabina de Radio Intercontinental Waldir Amaral lo cantó así: “Goooool, goooool. ¡Este gol debe tener una placa!”. Tiempo después, la tuvo. El diario deportivo Esporte la colocó en el Maracaná en recuerdo de aquella genialidad.

El gol de la placa de Pelé, que así se le conoce desde entonces, tuvo todo lo que tenía uno de los grandes genios de la historia del fútbol: velocidad, fuerza, poderío, calidad técnica y definición. Este domingo, en La Romareda, corría el minuto 33 del encuentro cuando Borja Sainz peleó un balón justo en el centro del campo contra dos rivales, Jairo primero y Pol Lozano después, a los que ganó el duelo. Cuerpeó con la fuerza que le da su poderoso tren inferior y emprendió una carrera en línea recta hacia la portería rival con el balón cosido al pie. A lo que llegó al borde del área picó la pelotita con suavidad y mucha clase por encima de Juan Carlos con una preciosa vaselina e hizo el tanto más bonito de la temporada del Real Zaragoza, el 1-0 contra el Girona, al que maniató en una sobresaliente primera parte buscándole con velocidad a los espacios, una gran actividad física, buen posicionamiento y voluntad ofensiva y contra el que resistió en la segunda de manera solvente, bien recogido, muy ordenado y corriendo las contras.

El gol de Borja Sainz quizá no merezca una placa, pero sí un sonoro reconocimiento en este día. Fue extraordinario, magnífico, de los que valen el precio de una entrada y permanecen tiempo en la memoria. Sirvió para que el Real Zaragoza derrotara al Girona y, como el balón de Borja, el equipo elevara la mirada y el vuelo hacia las alturas en busca de ese imposible que, a falta de siete jornadas, todavía es posible.

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