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El Periódico de Aragón

La opinión de Sergio Pérez

Los puntos negros de Torrecilla y su gran servicio al Real Zaragoza

Miguel Torrecilla saluda antes de una rueda de prensa en La Romareda.

Desde el punto de vista institucional, esta temporada guardará tres nombres en su recuerdo: Spain Football Capital, Orlegi y el grupo liderado por Jorge Mas, finalmente el ganador del proceso de venta y el que firmó el traspaso de la mayoría accionarial de la Sociedad Anónima con fecha 8 de abril de 2022, pendiente ahora mismo de la autorización del CSD y de la salvación matemática para su formalización definitiva. Desde el punto de vista deportivo, esta campaña se recordará principalmente por un concepto: la pomada.

Miguel Torrecilla la popularizó el 1 de septiembre pasado cuando hizo balance del mercado de verano, el primero con su toque de autor tras su aterrizaje forzoso en mitad del invierno anterior, y la recuperó tras la última ventana de enero en un momento en el que hubiera sido más prudente no recurrir a ella. El equipo andaba bastante mal y la coyuntura no pedía semejante reiteración sino un cálculo más sereno. El paso del tiempo fue girando poco a poco a favor de sus predicciones, pero finalmente la promoción quedará lejos en el instante clave de la temporada, cuando el director deportivo soñaba con revolotear por la zona media-alta y aprovechar la bonanza final del calendario para asaltar la pomada.

Más allá de esa profecía fallida que siempre quedará asociada a su figura en la historia del Real Zaragoza 2021-2022, el trabajo de Miguel Torrecilla durante este año ha tenido en términos absolutos más oscuros que claros, matizados por un importante hándicap de salida: contar con un límite salarial de 5,7 millones, el cuarto más bajo de la categoría y elemento de obligada ponderación, aunque a eso le añadiera casi 1,5 de CVC, con los que la cuenta es otra, lejos de la mayoría pero mejor alicatada.

Su principal sombra ha sido el agujero negro que dejó el 31 de agosto en la confección del ataque, que ha llevado al equipo a padecer un déficit realizador tremendo. 33 goles en 37 jornadas con sus contrataciones en números muy pobres: Álvaro Giménez cinco, Borja Sainz tres y Nano Mesa dos. Iván Azón, que ha tenido que tirar la puerta a base de cabezonería aragonesa, es el pichichi con seis. Cuando quiso arreglarlo en enero, lo volvió a estropear. Sabin Merino no ha aportado nada y le firmó un contrato de tres años. Fue su segundo error en ese área en mitad de una temporada. Álex Alegría había sido el primero.

Esta campaña ha tenido un gran acierto. Entender con el tren en marcha que el equipo necesitaba una reconstrucción total en el medio del campo sobre la estructura de plantilla que él mismo había diseñado y asumido unos meses antes. Los fichajes de Jaume y Eugeni casi voltean por completo el destino de la Liga. Ha faltado muy poquito para dar ese estirón y acercarse arriba. La desafortunada baja de Grau tiró todas las ilusiones por la borda. Torrecilla le dio también galones a Cristian en la portería y la línea defensiva le ha funcionado muy bien conservando casi todo lo que había. A ella aportó los fichajes de Gámez, lateral derecho muy solvente y titular indiscutible, y de Lluís López. Dejó ir a Clemente de un modo extraño por clara desconfianza.

Poco más. De medio campo hacia adelante, aparte de la revolución invernal, demasiado jugador con poca trascendencia: Petrovic, Vada, Nano Mesa, Álvaro, Sabin, Yanis… La pomada quedará lejos. Esa es la realidad final aunque en algún pasaje reciente el equipo verdaderamente soñó con ella con los pies en la tierra.

A Torrecilla, eso sí, el Real Zaragoza siempre tendrá que agradecerle que un mes de diciembre de 2020 se le ocurriera convencer a Juan Ignacio Martínez para capitanear un barco que se hundía. Esa decisión será juzgada como capital en la historia contemporánea de la SAD. El entrenador ha estado más irregular este año, como el propio equipo, pero de su currículum nunca desaparecerá el servicio vital y extraordinario que hizo en favor de la supervivencia del Real Zaragoza, en cuyo rescate acudió cuando otros colegas rehusaron la propuesta por su dificultad extrema y al que salvó de un descenso prácticamente seguro.

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