10 de mayo. San Nayim. El día del zaragocismo, la fecha del día en el que el Real Zaragoza alcanzó su mayor gloria. El golazo de Nayim, el infravalorado golazo de Esnáider, el día en el que el gigante Arsenal cayó de la manera más épica. Hoy, 10 de mayo, la Recopa de Europa del Real Zaragoza cumple 27 años.

Anda el zaragocismo entre esa triste sensación de que se marchan sus ídolos y sus baluartes, aquellos que construyeron su brillante historia y defendieron el escudo hasta llevar al club a ser de los más grandes de España y un temido allá por donde iba, como el inigualable León de Torrero, José Luis Violeta, y el enfado mayúsculo por la mediocridad del presente. El 0-3 del Alcorcón, equipo ya descendido, empaña la dulzura del recuerdo de París.

Aquel día, "el loco de la colina" de Nayim, como dijo Alfonso Soláns, se inventó el que ha sido considerado el mejor tanto de las finales europeas. De guion de película, de auténtica épica. El ídolo blanquillo se inventó un golpeo preciso, milimétrico y en el que empujó hasta la Virgen del Pilar para ganar la Recopa y desatar la locura. No hace tanto tiempo, pero hace demasiado.

La Recopa fue la máxima expresión del éxtasis colectivo. Toda Zaragoza se volcó con el equipo antes, durante y después y esas imágenes, para jóvenes y no tan jóvenes, quedarán siempre en la retina. Para la posteridad. El 'Negro' en el larguero, Soláns manteado, Poyet roto en lágrimas, el abrazo de Víctor Fernández a Pardeza, la cara de Seaman de incredulidad, ese silencio mientras el balón volaba roto por la euforia cuando entraba, el bufandeo... Pero también la Recopa es la Plaza del Pilar abarrotada, aquel trayecto hasta el centro de Zaragoza repleto de gente en la carretera desde el aeropuerto y muchas más imágenes que, algún día, se espera que vuelvan.

Esnáider abrió la contienda mediada la segunda mitad, con un golazo de bandera. Lástima que siempre fuera eclipsado por el de Nayim. Ese recorrido del balón por la red es hipnótico. Sin embargo, Hartson devolvió la igualdad al marcador con un disparo raso desde dentro del área de Cedrún.

Cuando el partido estaba destinado a los penaltis apareció la magia de Nayim. Esa idea que solo se le pudo ocurrir a él. Linigham despejó de cabeza, Nayim embolsó con el pecho y tras media décima de pensamiento golpeó con el alma para darle la Recopa al Real Zaragoza. Ardió París y en nuestra piel se sigue parando el tiempo aunque hayan pasado 27 años y aquellos años de grandeza estén lejos de repetirse. Pero volverán.