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El Periódico de Aragón

La opinión de Sergio Pérez

La bronca de Torrecilla y el espíritu guerrero de Iván Azón

Iván Azón pelea un balón en el encuentro ante el Alcorcón. JAIME GALINDO

Las tuvo, pero esta vez la culminación de sus acciones no fue la mejor. Especialmente en una buena ocasión después de robar un balón en el costado izquierdo del ataque tras presionar con insistencia al rival, hacerle dudar hasta perder la pelota, llevarla con verticalidad hasta la frontal del área y disparar con el interior de la diestra. La rosca del balón no fue la suficiente para coger portería. O, por ejemplo, en otro remate fallido a centro de Borja Sainz.

Iván Azón también participó en la creación de varias oportunidades de gol, las más claras a favor del Real Zaragoza en la derrota contra el Alcorcón por 0-3. En la primera mitad generó el pase a Sabin Merino, que este prolongó a Narváez, cuyo tiro con la diestra se estrelló en el palo. O en la segunda, cuando sirvió un pase corvado para Sabin Merino desde la banda derecha, quien solo en la frontal chutó con fuerza pero con mala colocación, justamente hacia donde se encontraba el guardameta, que repelió el balón sin muchos problemas.

No tuvo su mejor día en la definición, pero Iván Azón volvió a mostrar su habitual espíritu guerrero, batallador en cualquiera de las circunstancias y contextos, incordiando constantemente a la defensa contraria y poniendo a prueba de bomba su incuestionable actitud. Al día siguiente de la humillación frente a un rival descendido desde hace semanas, y con la permanencia una semana más sin atar de manera matemática, Miguel Torrecilla se personó en el vestuario para reprender a la plantilla, cuya caída de rendimiento ha sido acusada y su desentendimiento, excesivo. Algo que no hubiera sucedido si todos hubieran tenido la capacidad de combate y la conducta íntegra e incansable de Azón.

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