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El Periódico de Aragón

La opinión de Sergio Pérez

Forcén, la identidad aragonesa, los cocineros y los frailes

Yarza, Forcén (segundo por la izquierda), Uguet, Sainz de Varanda y Blasco, en una junta de accionistas del Real Zaragoza. JAIME GALINDO

Aquel comunicado de la Fundación Zaragoza 2032 del mes de diciembre, posterior al alboroto que provocó la escenificación pública en la junta de accionistas de la profunda crisis entre las familias del consejo de administración y previo a la Navidad, tan conciliador en su redacción y en su espíritu, se sostenía en dos patas fundamentales: el llamamiento a la unidad, la serenidad y el entendimiento entre los propietarios, muy quebrado en esos días, y el compromiso de mantener en adelante la identidad y la raigambre aragonesa de la Sociedad Anónima, parte indisociable de su razón de ser a lo largo de sus 90 años de historia en todas sus formas jurídicas.

Así fue como la Fundación 2032 se manifestó hace ahora cinco meses. El tiempo ha pasado y el futuro se ha aclarado. El Real Zaragoza cambiará esta próxima semana oficialmente de manos, una vez que se firmen los contratos definitivos de la compraventa con la permanencia matemática en el bolsillo y el visto bueno del Consejo Superior de Deportes ya conseguido. Tomarán el mando del club Jorge Mas y su grupo de inversión, capitaneados sobre el terreno por Raúl Sanllehí, próximo director general con amplios poderes y, por el momento, la cabeza más visible y cercana al terreno del proyecto.

Se disolverá el actual consejo de administración con las mismas rencillas y parecidos recelos que entonces. En las últimas semanas por el palco han desaparecido y reaparecido las figuras de este rompecabezas, teatralizando perfectamente en cada partido cómo ha culminado el proceso y por qué ha culminando de la manera que ha culminado.

Desaparecerá de la escena, fundamentalmente, la familia Alierta. Se mantendrá en el Consejo Juan Forcén, según la versión oficial por expreso deseo de los nuevos propietarios, en cuya llegada ha sido figura clave y con algunos de los cuales mantiene una relación de cercanía.

Uno de los objetivos de la continuidad del empresario zaragozano será mantener la identidad y la raigambre aragonesa en el próximo órgano de gobierno de la SAD, expresión que seguramente les sonará si hacen un simple ejercicio de memoria. Forcén ha sido un hombre con peso en la estructura societaria especialmente por sus sinergias personales pero, seguramente, ha sido también el consejero menos vinculado con el día a día deportivo e institucional del club en estos ocho últimos años.

En estos niveles, donde cada paso está meditado, medido, diseñado y perfectamente pensado, nada ocurre por casualidad. Las cosas siempre suceden por alguna razón y con algún objetivo. Con la continuidad de Forcén en el Consejo se ata uno de los últimos cabos que quedaba suelto. Empezará ahora un nuevo tiempo, que será nuevo obligatoriamente en tanto en cuanto una amplia mayoría accionarial estará en otras manos, inversores extranjeros por primera vez en la historia del Real Zaragoza, pero que tendrá muchas raíces viejas.

En su arranque, el proceso de cambio no será traumático y comenzará de manera suave, sostenida y continuista. Esa es la voluntad de todas las partes implicadas en este acuerdo guisado a fuego lento y condimentado con toda la preparación del mundo por varios cocineros antes que frailes. Con ese sello de esta tierra, tan genuinamente aragonés.

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