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El Periódico de Aragón

La actualidad del Real Zaragoza

Como decíamos ayer. La crónica del UD Las Palmas-Real Zaragoza (0-0)

Un Zaragoza similar al de la pasada campaña suma un buen punto en su estreno liguero gracias a un paradón de Cristian en el descuento

Cristian, de nuevo providencial, sujeta el balón antes de sacar. JOSÉ CARLOS GUERRA / LA PROVINCIA

Serio atrás, romo arriba, ordenado, solidario y protegido por un guardián al que se entrega en cuerpo y alma. Así era el Real Zaragoza de la pasada campaña y así fue el de este sábado en Las Palmas, donde el equipo aragonés sumó un buen punto en su estreno liguero. No es un mal inicio, aunque se impone progresar para dar ese paso adelante pretendido por Carcedo.

Sorprendió el técnico dando entrada en el once a Puche. No porque el canterano, de lo mejor de la pretemporada, no se lo hubiera ganado, sino por el volumen de riesgo de la apuesta por el aragonés en lugar de Mollejo, uno de los escasos fichajes llegados hasta ahora. Arriba, el elegido fue Narváez en detrimento de Giuliano, mientras que el notable verano de Vada le concedió la titularidad en el estreno para relegar a Francho a la suplencia. De los últimos en llegar solo Manu Molina formó en la foto.

En bloque medio y emplazando la presión alta a determinadas circunstancias y parcelas, el Zaragoza turnaba las vigilancias sobre Viera, la brújula de Las Palmas. Diseñado sobre un 4-1-4-1 con Grau en el ancla, el equipo aragonés afrontó la contienda extremando precauciones pero la buena presión de los locales provocaba pérdidas y transiciones rápidas peligrosas. 

Dos errores de Bermejo y Chavarría mal aprovechados por Marc Cardona y Viera metieron el susto en el cuerpo a un Zaragoza al que, como viene siendo habitual, se le nublaba la vista en la línea de tres cuartos. Narváez, que provocó las amonestaciones de los dos centrales canarios en la primera parte, intercambiaba posiciones con un nervioso Puche mientras Bermejo y Vada apenas aparecían.

Al menos, el Zaragoza no pasaba excesivos apuros. Y eso que Álvaro, por la derecha, era un incordio constante para un Chavarría más acertado en la vigilancia que en la entrega. En el centro, Jair y Francés, que se cruzó de forma providencial para negar un pase de gol de Álvaro a Viera, daban tranquilidad a Cristian, que se había tenido que emplear a fondo para desviar un disparo del canario con malas intenciones.

Mismo guion

El guion no varió demasiado en la reanudación. Las Palmas quería el balón y el Zaragoza el control. Gámez, con un centrochut que Curbelo sacó a medio metro de la línea de gol, advirtió de las intenciones del conjunto aragonés, siempre protegido por Cristian, de nuevo eficaz ante un empalme de Marc tras combinación con el omnipresente Viera.

Conforme avanzaba el reloj y aumentaba el cansancio, el Zaragoza parecía más entero y cómodo que su oponente. Narváez, el más productivo de los de Carcedo, sacaba otra tarjeta a un central, Coco, que había sustituido a Sidnei en el descanso. El propio colombiano probaría por primera vez a Valles mediado el segundo periodo a través de un disparo centrado tras una contra que el meta local desbarató sin apuros.

Instalado en la cautela de ambos equipos, el duelo se adentraba en su recta final con el consiguiente baile de cambios. A esas alturas, Carcedo ya había dispuesto dos líneas juntas de cuatro destinadas a ejercer de muro de contención ante la imaginación de Viera, el único que parecía capaz de hacer daño al Zaragoza. Cerca estuvo con un disparo desde la frontal que Cristian desvió con seguridad.

Solo un error parecía alterar el devenir del partido. Y llegó. Lo cometió Milla Alvendiz al decretar penalti en un piscinazo de Loiodice que el VAR detectó justo cuando Viera se apresuraba a ejecutar el lanzamiento. Al andaluz no le quedó más remedio que recular cuando se acercó a ver la jugada y el Zaragoza respiró aliviado. 

El cuadro aragonés lograba taponar las elaboraciones por dentro y derrochaba ayudas en unos costados ocupados desde hace un rato por Mollejo y Eugeni, recambios de Puche y Bermejo. Posteriormente, quizá algo tarde, Carcedo refrescó más al equipo dando entrada a Giuliano y Francho por unos agotados Narváez y Vada.

El argentino aportó energía tanto en la presión como en ataque. Una jugada personal del delantero estuvo cerca de acabar en gol pero su disparo, poco certero tras una larga carrera, acabó en las manoplas de Valles, que vio pasar de lejos un posterior remate del propio Giuliano en el saque de esquina posterior.

Pero aún quedaba tiempo para otro susto. En el descuento, un misil lejano de Curbelo se topó con la mano milagrosa de Cristian para salvar la madrugada en la isla. 

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