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El Periódico de Aragón

La 7ª jornada de Segunda

Un brinco contra la trampa. La previa del Mirandés-Real Zaragoza

El Zaragoza quiere dar un salto en la tabla a costa de un colista que aún no ha ganado

Petrovic despeja de cabeza ante la presencia de Giuliano en un entrenamiento. Jaime Galindo.

Anduva será un campo de minas para un Real Zaragoza que acude a la batalla con pies de plomo. El Mirandés, último clasificado sin haber conocido todavía la victoria, espera a los aragoneses con el orgullo herido y los ojos encendidos por la rabia del que considera que la tabla no está siendo justa con lo mostrado por un equipo plagado de juventud y, por consiguiente, bisoñez. Precisamente, es ese carácter indómito lo que más inquieta a Carcedo y los suyos que, eso sí, afrontan la cita con el guapo subido tras acumular dos victorias consecutivas.

El partido se presenta, en definitiva, como una gran ocasión para seguir escalando hacia cotas más altas pero con la obligación de extremar cautela y desterrar cualquier exceso, sobre todo, de euforia. Entre otras cosas, porque el Zaragoza todavía no está para presumir. Tiene mejor aspecto, eso sí, que hace un par de semanas, pero confianzas, a estas alturas, las justas.

La trampa que representa un rival en principio asequible y la necesidad de librarse de ella mediante un brinco en la clasificación centra el foco sobre un Zaragoza obligado a demostrar que ha adquirido ya la identidad y personalidad suficientes como para salir airoso de este tipo de obstáculos. El choque, en el que no estarán Francés, lesionado, y Quinteros, con su selección, también se erige en una prueba de madurez para Carcedo, que ayer volvió a pregonar a los cuatro vientos que no consentirá otro esperpento como el perpetrado ante el Lugo, cuando el Zaragoza pagó con la derrota un impropio desquiciamiento colectivo. Desde entonces, el equipo aragonés ha demostrado orden, seriedad y, sobre todo, cordura. Justo lo que más necesitará para solventar el compromiso de este sábado.

Enfrente, el Mirandés afronta el envite aún con el agua por la cintura, pero con la necesidad de cerrar el grifo para que no llegue al cuello. Su técnico, Joseba Etxeberría, de curriculum impecable, pasa por ser tan bueno en la pizarra como excesivamente condescendiente fuera. No estará Jofre Carreras, sancionado por la roja que vio la jornada pasada frente al Granada, ni Samuel Mraz, convocado con la selección de Eslovaquia, ni el lesionado Gelabert, mientras que Simón Moreno no termina de encontrar sensaciones aunque cuenta con el alta médica.

El que sí estará será Raúl García, el delantero cedido por el Betis, que, con cuatro tantos en su cuenta particular, ya figura entre los mejores artilleros de la categoría. Seguido de cerca por el Zaragoza el pasado verano, el punta, el único que ha visto puerta hasta ahora de su equipo, será, sin duda, el mayor peligro para un equipo aragonés animado por el gran momento de forma de Lluís López y la pareja de garantías que forma con Jair.

Junto a los dos centrales, todo apunta a que el resto del once inicial zaragocista será el mismo de las dos últimas jornadas. Más que nada, por aquello de no tocar lo que funciona. Cristian seguirá seguro bajo palos, mientras que Gámez y Fuentes se perfilan como ocupantes de la zaga en los laterales. En la sala de máquinas, Grau y Manu Molina son indiscutibles para Carcedo, que entregaría las bandas a Bermejo y Mollejo. Vada ejercería como el enlace más cercano con Giuliano, fijo arriba. 

En todo caso, convendría no descartar algún movimiento del entrenador, sobre todo, destinado a contrarrestar la fortaleza aérea del Mirandés. En ese escenario ganaría enteros la presencia de Eugeni o Puche.

Anduva marcará el camino para un Zaragoza crecido al que le ha costado mucho ganar tamaño. Pero el colista promete guerra. Como la dio la pasada campaña, cuando destrozó a los aragoneses a pesar de la masiva ausencia de efectivos por covid. Cuidado. 

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