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La 8ª jornada de Segunda División

Cambia la cara. La previa del Real Zaragoza-SD Eibar

El Real Zaragoza se impone un triunfo y un lavado de imagen ante el Eibar para no aumentar su inseguridad

Azón, durante un entrenamiento en la Ciudad Deportiva. Jaime Galindo.

Con la irregularidad por bandera, el inseguro Real Zaragoza afronta el partido de este lunes ante el Eibar con la obligación de levantarse y cambiar la cara. Si mantiene el mismo semblante tristón, desconfiado y vacío que hace nueve días en Miranda de Ebro, corre un grave peligro. Se impone, incluso más allá de una victoria esencial para no alimentar aún más las dudas, un lavado de imagen indispensable para refrescar el ambiente y que entre el aire. Huele mucho a cerrado. Demasiado.

No será fácil, pero el conjunto aragonés se sitúa ante el espejo con la necesidad de reencontrarse consigo mismo y de rescatar aquella identidad que fue adquiriendo a lo largo de un verano prometedor pero que ha ido extraviando a la misma velocidad con la que crecía su inestabilidad. Es ahora el Zaragoza una escuadra vulnerable y frágil que ya ha perdido casi la mitad de todos los partidos disputados hasta ahora, lo que viene a cuestionar esa solidez pregonada a los cuatro vientos desde el vestuario.

Anduva desnudó las carencias de un equipo débil en ambas áreas, donde se decide el fútbol. Solo cuatro goles ha marcado hasta ahora un Zaragoza que lleva demasiado tiempo acumulando récords negativos de todos los colores. De poco le sirve, pues, rozar el podio de los menos goleados mientras no solucione sus evidentes problemas ofensivos. 

En eso está Carcedo, que, en todo caso, no parece por la labor de alterar la fisonomía de un Zaragoza en el que, eso sí, podrían juntarse de inicio dos delanteros por primera vez en la temporada, si bien uno de ellos, Giuliano, caería a banda izquierda. El otro, Azón, ejercerá de referencia ofensiva una vez recuperado del todo de ese edema óseo que le ha llevado por la calle de la amargura. Algo, se supone, ganará en ataque un equipo lastrado, entre otras cosas, por la escasa aportación de la línea de tres más cercana al punta. 

Pero da la sensación de que todo gira en torno a la sobriedad defensiva, la portería a cero y el candado como herramienta mucho más efectiva que la pólvora. Por eso, recuperar la seguridad atrás se erige en la tarea principal para un Carcedo que tiene claro que cualquier aspiración va de atrás hacia delante.

Cambios

Todavía sin Francés, que ultima la recuperación de su lesión, el Zaragoza repetirá retaguardia si es que el técnico no sorprende dando entrada a Larrazabal en el lateral derecho en detrimento de un irregular Fran Gámez. Jair y Lluís López son fijos en el centro de la zaga y, de momento, también Fuentes en el lateral zurdo. Cristian, por supuesto, defenderá el marco. 

Con Grau y Manu Molina, ambos a un nivel muy bajo en Anduva, todavía intocables en la medular, es en la línea de tres cuartos donde se agolpan las posibles novedades. La teórica reubicación de Giuliano dejaría a Mollejo en el banquillo, mientras que Vada, siempre titular hasta ahora, podría ceder su sitio en la mediapunta a Bermejo, que dejaría el costado derecho libre quizá para que lo ocupara Puche. Arriba, Azón parece destinado a estrenarse como titular esta campaña, con Gueye como alternativa en el banquillo.

Enfrente estará un Eibar tan vulgar como visitante como inexpugnable en casa. Solo un empate ha logrado hasta ahora el equipo armero en las tres salidas anteriores. Lo hizo ante el Villarreal B. De Leganés y de Andorra, sin embargo, volvió de vacío. De Ipurua, sin embargo, aún no se ha escapado punto alguno.

Si la historia también jugara, el Zaragoza podría estar bien tranquilo, ya que el cuadro eibarrés ha perdido en sus cuatro visitas a La Romareda. La última, la pasada campaña, cuando un gol de Francés animó a soñar a la escuadra entonces dirigida por JIM.

El técnico vasco, Gaizka Garitano, contará con casi la totalidad de su plantilla, excepto con los lesionados Ríos Reina y Aketxe, aunque recupera a Blanco Leschuk, ausente en la última convocatoria, para un partido que el Zaragoza afronta con la obligación de levantarse con otra cara. 

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