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El nuevo Zaragoza de Escribá. Cambios entre interrogantes

Fran Escribá, que ha rescatado el banquillo de la izquierda, utilizó casi el mismo once que Carcedo en su despedida. El levantino acaba con el balón parado en corto y exige más dinamismo

Escribá da instrucciones durante el partido ante el Málaga. Jaime Galindo.

No han sido los mejores partidos para extraer conclusiones acerca de los cambios introducidos por Fran Escribá. La superioridad numérica, antes del primer cuarto de hora, ante el Málaga y la consecuente obligación para el Real Zaragoza de asumir el mando y la iniciativa condicionan de forma definitiva cualquier análisis. Algo similar ocurre con el duelo copero ante el Diocesano, un rival dos categorías por debajo de un equipo también obligado entonces a acaparar el balón, aunque jamás tuvo controlado el duelo.

El nuevo Zaragoza, en todo caso, se sigue pareciendo mucho al anterior en lo que a la elección de futbolistas se refiere. Y es que el primer once de Escribá fue casi idéntico al último de Carcedo, con apenas dos cambios y uno de ellos obligado (Ratón por el lesionado Cristian). Y el otro, casi, porque Bermejo, que no pudo estar en Vitoria por problemas físicos, sí formó el sábado en un once en el que, por el contrario, no estuvo Francés.

Tampoco en el dibujo hay, de momento, excesivas novedades. Sí las hubo en Cáceres, donde Escribá se presentó con un marcado 4-4-2 en el que Giuliano y Gueye compartían vanguardia. En Liga, sin embargo, el africano se quedó fuera y Mollejo ejerció como enlace más cercano al argentino, si bien en defensa caía a banda izquierda formando un dinámico 4-2-3-1 que alternaba con el 4-4-2 en ataque.

En realidad, los principales cambios alcanzan a detalles como el balón parado. Se acabaron los saques en corto de córners o faltas laterales, algo que Carcedo llegó a imponer casi de forma dogmática, sobre todo en los primeros partidos de la temporada. Ahora, toda la estrategia se hace de forma directa, lo que pareció agradecer el equipo, que acumuló remates y ocasiones claras a través de Giuliano o Lluís López. De hecho, el gol del argentino llegó tras un rechace de la defensa rival en un saque de esquina.

Atrás, la estrategia también se defiende de forma algo distinta. La línea se tira mucho más lejos del área cuando el rival cuelga el balón desde lejos, una medida que parece adoptada ante cierto déficit de los porteros zaragocistas en los balones aéreos colgados desde los lados.

Estamos, parece, ante un Zaragoza algo más dinámico y menos anodino. Menos pases entre centrales y mucha más movilidad, principalmente, en la línea de mediapuntas. También el recurso del balón largo a Giuliano parece destinado a reducirse a favor de la combinación en busca de la caída a banda del argentino para abrir espacios a las legadas desde atrás. 

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