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La opinión de Sergio Pérez

El proyecto rotundamente de ascenso del Real Zaragoza y el modo supervivencia

Fran Escribá y Raúl Sanllehí, antes de la presentación del entrenador. ANDREEA VORNICU

En este primer tramo de vida del proyecto que preside Jorge Mas desde una extraña larga distancia, que lidera sobre el terreno Raúl Sanllehí y que tiene en la sombra los guías que tiene, la Liga ha puesto al Real Zaragoza frente a una realidad inesperada. El equipo lleva toda la temporada anclado en la zona baja de la clasificación, coqueteando con los puestos de descenso, ha sumado 17 puntos de 48 posibles (un raquítico 35%), los fichajes del verano no funcionan salvo Giuliano, con un especial énfasis en Gueye por el desembolso económico que supuso y por su condición de contratación estrella, y los problemas para hacer gol son terribles. La última expresión de esta preocupante situación fue el partido contra el Málaga, el colista: frente a diez jugadores desde el minuto 13 no hubo manera de marcar hasta después del 0-1. El muestrario de fallos fue amplísimo.

La casi permanente crisis en la que ha vivido este nuevo, o seminuevo, club se ha llevado ya por delante a un entrenador y a un director deportivo. La elección del segundo técnico de la actual propiedad fue también directa de Sanllehí, como ocurrió con Juan Carlos Carcedo a pesar de la presencia entonces de Miguel Torrecilla a su lado. Al director deportivo que venga le tendrá que parecer bien Fran Escribá, le guste más o le guste menos.

Incluso con este agobiante panorama, impensado tras el aterrizaje de semejantes transatlánticos financieros hace unos meses, Sanllehí ratificó en la presentación de Escribá cuál es el propósito indiscutible del proyecto que pilota: “Rotundamente de ascenso”, dijo sin ceñirse a la actual campaña pero sin descartar ese sueño eterno, aunque su referencia miraba más bien al medio plazo tras un proceso de crecimiento estructural y orgánico sostenido.

Seguramente esa frase que pronunció el director general hace unos días cobrará sentido en un tiempo, más cercano o más lejano en función de la habilidad y el acierto de los nuevos mandatarios, por ahora escaso. El actual proyecto del Real Zaragoza es rotundamente de ascenso. En eso hay que estar de acuerdo. Tanto como que sus comienzos han sido muy decepcionantes, excesivamente para un grupo que dirigen personas con un extenso y lujoso currículum en el fútbol y que está asesorado a los más altos niveles.

Los errores cometidos han sido numerosos, de ahí que el equipo esté donde está, enfangado hasta las trancas. El proyecto del Real Zaragoza es rotundamente de ascenso, pero ahora mismo el club debe aparcar ese tipo de ínfulas, remangarse y centrarse en salvar una situación comprometida. Llegar de la mejor manera posible al mercado de enero, reformar en todo lo que sea posible la plantilla para subsanar sus manifiestos defectos y ponerse en el modo supervivencia que reclamó Alberto Zapater. Sacar la cabeza de abajo, no debe haber otra meta a corto plazo. Y, luego, Dios dirá.

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