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Ratón, Petrovic y los mensajes del 'jefe' Escribá

Fran Escribá saluda a los aficionados en su debut en casa contra el Málaga. JAIME GALINDO

De Fran Escribá son sobradamente conocidos sus méritos profesionales, un ascenso con el Elche a Primera División y una interesante carrera en la élite en banquillos con peso como el del Villarreal, el Celta o el Getafe. Eso es lo que le ha traído hasta aquí. Eso y la posibilidad de reengancharse a un proyecto ganador en un momento incierto de su carrera. Quienes conocen al entrenador valenciano de cerca, quienes han estado a sus órdenes, a su lado o junto a él en sus años más florecientes lo definen como un hombre tranquilo, calmado, con inteligencia para aglutinar, sentido común y talante pacífico, capaz de mandar sin ser un mandón.

Desde que pisó la ciudad e hizo suyo el asiento que dejó vacío Juan Carlos Carcedo, esa ha sido justamente su disposición y la imagen que ha transmitido. De serenidad y sosiego. Así ha empezado su etapa en el Real Zaragoza, como un hombre de paz que va a intentar que el equipo crezca en un ambiente sin estridencias y adecuado para poder desarrollar sus potencialidades.

En tres partidos, uno de Copa y dos de Liga, todavía no ha ganado. Ha conseguido, eso sí, reconducir la dirección. El Real Zaragoza mejoró contra el Málaga y mejoró un poco más en Burgos. En ambos casos solo pudo empatar, pero si su línea de crecimiento se mantiene, pronto deberían llegar las victorias, si es que la lógica universal del fútbol es aplicable a este club en este momento de su historia.

Escribá es la persona en la que el Real Zaragoza ha depositado su destino en el corto y medio plazo, un nuevo patrón de barco que habla claro de sus marineros. Como de Ratón en la previa del partido de El Plantío. “Álvaro lo sabe, en el gol (del Málaga) pudo hacer algo más. Eso no implica que no esté contento con él”, le dijo. Luego lo reafirmó en la titularidad. O con Petrovic tras su expulsión con el encuentro de Burgos terminado, por la que ha sido castigado con tres partidos de sanción, uno por acumulación de amonestaciones y dos por menosprecio. “Esas cosas sobran. Es un perjuicio para el equipo. Entiendo que esté quemado, pero es un error grave y más en un jugador de su experiencia. Hay que tener madurez”.

A su manera, pausada, sin elevar la voz pero lanzando mensajes que se entienden rápido, el jefe ha marcado el territorio en sus primeros días. El futbolístico, eligiendo a sus predilectos sin dudar a la hora de confeccionar el once y diseñando una forma de jugar compacta y muy tradicional, y el emocional, dejando claro qué quiere y qué no está dispuesto a tolerar.

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