La 29ª jornada de Segunda

Julián Calero, de policía municipal a técnico de moda en Segunda

El madrileño ha llevado al Burgos a Segunda y ahora a soñar con el ascenso. El club quiere que siga, pero ofertas no le van a faltar tras esta temporada

Generelo, segundo de Escribá, saluda a Julián Calero en el partido en El Plantío.

Generelo, segundo de Escribá, saluda a Julián Calero en el partido en El Plantío. / CARLOS GIL-ROIG

S. Valero

Es el entrenador de moda en Segunda, condición que si acaso le discute Rubén Albés en el Albacete, pero además Julián Calero, de verbo popular y capacidad comunicativa que también han situado en el punto de atención sus comparecencias en sala de prensa, vive en el Burgos su gran salto al primer escaparate futbolístico. El entrenador madrileño, policía municipal en excedencia a sus 52 años, tiene cerca del playoff a su equipo, al que subió a Segunda en junio de 2021 y al que con un límite de 6,64 millones, el séptimo más bajo de la categoría, vistió de líder en alguna jornada y ha estado más tiempo en zona de promoción que fuera de ella.

A Calero lo llevó a Burgos Michu, después de que el entrenador hubiera hecho un buen papel en el Navalcarnero en la 17-18 y algo peor en el Rayo Majadahonda en la 19-20. Además, fue segundo entrenador en el Nizhny ruso, en el Al-Jazira con Paulo Bonamigo, en el Oporto con Lopetegui y en el Oviedo con Hierro, que se lo llevó al Mundial de Rusia cuando la crisis por su contrato con el Real Madrid hizo saltar de la Roja a Lopetegui. Los dos eran amigos suyos, pero Hierro jugó un papel decisivo en la carrera de Calero por su cercanía con Michu y la apuesta para llegar a El Plantío.

Probable adiós

«Es pronto para hablar de mi futuro. Estamos en una pelea tan bonita que lo menos importante es Julián Calero ahora», decía el entrenador madrileño el viernes, aunque lo cierto es que Michu ya lleva tiempo intentando convencerle para que siga un año más y Calero, como hizo la temporada pasada, está retrasando su decisión. Hace un año, tras una permanencia desahogada, no le llegaron las ofertas esperadas, pero en esta nadie duda de que las va a tener ahora. De hecho, en el consejo del Burgos pocos apuestan por que siga.

El Burgos, con una plantilla limitada, con una apuesta en la que prima el funcionamiento como bloque, en esa idea de jugar bien al fútbol que es mucho más que hacerlo solo bonito, como el propio Calero explicó en sus famosas cuatro fases en una rueda de prensa, el Burgos ha ilusionado a su afición, que soporta partidos poco abiertos porque lo compensa con la alegría de ver al equipo de nuevo arriba en Segunda, categoría que no pisaba desde 2002. Hasta que llegó Calero.

Un muro y Caro

Ahora, el Burgos sueña hasta con retornar a Primera, en la que hace más de 40 años estuvo el anterior club, extinguido en 1983. El equipo de Calero posee esa solidez que le lleva a ser el segundo menos goleado de la categoría, con una consigna clara fuera de casa, sobre todo si el rival está en apuros, de aguantar sin que pasen cosas hasta el tramo final, lo que repetirá este domingo en Zaragoza. Esa idea de bloque y de sobriedad, que llevó a Caro a convertirse al inicio de curso en el portero con más tiempo imbatido de la historia del fútbol profesional español, es la de Calero. Y vaya si funciona... 

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