La 29ª jornada de Segunda

Modo supervivencia. La previa del Real Zaragoza-Burgos

El Zaragoza necesita frenar su caída y alejarse del miedo con un triunfo ante el Burgos

Los jugadores del Real Zaragoza, junto a Javi Suárez durante el entrenamiento de este sábado en La Romareda.

Los jugadores del Real Zaragoza, junto a Javi Suárez durante el entrenamiento de este sábado en La Romareda. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Jorge Oto

Jorge Oto

La competición ha dicho alto y claro al Real Zaragoza que no mire hacia arriba. Las dos últimas derrotas, en formato goleada, han ahuyentado los pájaros en la cabeza que sobrevolaban sobre ciertos componentes del club y de un vestuario que, hasta hace cuatro días, presumían de no haber acudido a comprobar la distancia respecto a la zona baja en toda la temporada. La cruda realidad es que el equipo aragonés se ha vuelto a asomar al mismo abismo con el que lleva flirteando durante demasiado tiempo. La congoja, fiel compañera de viaje a lo largo de la mayoría de las diez temporadas que el Zaragoza acumula ya en Segunda de forma consecutiva, vuelve a apoderarse de una Romareda tan harta de estar harta como abrasada por el desencanto, la desilusión y el pánico. 

Con 14 jornadas por delante, el miserable objetivo de la temporada vuelve a ser sobrevivir. No puede ser de otro modo a tenor de la mediocridad reinante en un equipo y en un club en el que la esperanza es que mañana salga el sol. No es que la parte alta de la tabla sea una quimera, sino que lo es ya la parcela media, como lo pregona el hecho de que el Zaragoza no ha estado por encima de la duodécima plaza en todo el campeonato, una cota máxima que alcanzó, además, en la primera jornada tras empatar en Las Palmas. Desde entonces, penuria, crisis, cambios de todo tipo, más penurias, más crisis y tanto déficit de calidad como sobredosis de mediocridad. Más o menos, lo de casi siempre.

Así que, con marzo ya asomando, el Zaragoza afronta a partir de este domingo una acumulación de finales que se viene repitiendo de forma constante a lo largo de las últimas temporadas. El sálvese quien pueda se erige otra vez en la proclama que abandera el enésimo viacrucis de un equipo que, según su entrenador, ni es un desastre ni está en crisis. Quizá tenga razón Escribá, pero la falta de competitividad mostrada por su escuadra en las dos últimas citas es inherente a equipos desastrosos en crisis. El Zaragoza, asegura su entrenador, no va a descender. Amén.

Para que la promesa de Escribá se envuelva en credibilidad se antoja indispensable la victoria esta tarde ante un Burgos convertido en una de las grandes revelaciones de la temporada. El equipo de Calero presume de esa seguridad y confianza propias del que posee una identidadcomo consecuencia de creer en lo que hace a pies juntillas. Todo lo contrario, ahora mismo, que un Zaragoza que se va al suelo al menor soplido y que ha sumado a su sempiterna carencia de gol una fragilidad defensiva impropia desde que Escribá tomó el mando. Siete goles ha encajado el cuadro aragonés en las dos últimas citas, casi tantos como los que recibió en las ocho anteriores. 

Morir para vivir

Se trata, pues, de cambiar por cambiar y de morir para sobrevivir. Se impone, como viene advirtiendo Zapater desde hace meses, activar el modo supervivencia y dejarlo encendido hasta el final de otra campaña para el olvido. Para ello, el técnico valenciano moverá el once respecto al que hincó la rodilla en la segunda parte ante el Málaga. Francés podría regresar a un centro de la zaga en la que también podría haber relevo en el lateral derecho, con Gámez, Luna o en menor medida Vigaray optando a un puesto que abandonará Larra. En la izquierda, Fuentes podría sentar a Nieto, aunque el canterano ha sido lo más decente de la zaga en las dos últimas citas. Zapater apunta a volver en el centro del campo, lo que costará el puesto a un intrascendente Alarcón, mientras que las esperanzas de que Pau Sans pueda debutar al fin como titular parecen desvanecerse a tenor de lo expuesto por Escribá en la rueda de prensa previa al duelo. Será que el chico no se está ganando el puesto y otros sí. 

El Burgos, por su parte, llega mermado por dos bajas habituales del central Grego Sierra y el mediocentro Unai Elgezabal, uno lesionado y otro sancionado.

Con unos u otros, el Zaragoza afronta una final destinada a no empeorar el estado de un enfermo muy demacrado en las últimas semanas. Las heridas son de pronóstico reservado y será su evolución la que dictará si sigue en planta o ingresa en la uci. Queda activado el modo supervivencia. Preparen los salvavidas. Ya saben dónde están.

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