La opinión de Sergio Pérez
La situación de Francés y la defensa del patrimonio del Real Zaragoza
El mensaje que el nuevo Real Zaragoza mandó al mercado el verano pasado con sus canteranos fue muy claro. Esa idea tendrá continuidad. El club va a defender su patrimonio y no va a vender por voluntad propia a ninguna de las piezas que considere prioritarias. Otra cosa será si alguien quiere irse

Alejandro Francés posa para una entrevista con este diario. / CARLOS GIL-ROIG

Ahora que el empate en el campo del Eibar y las victorias del Albacete y el Cartagena han desinflado el suflé, el Real Zaragoza enfrentará las últimas cinco jornadas de Liga en la mejor dinámica de la temporada, habiendo recobrado aquella bellísima comunión con la grada por la fuerza de los hechos, gracias a una manifiesta recuperación del fútbol y de los buenos resultados, pero sin más objetivo real que acabar el campeonato en el puesto más alto posible para que el premio económico para el club sea también el mayor posible.
Con un sabor de boca más dulce, olvidado ese fuerte amargor que ha agriado casi todos estos meses salvo los dos últimos, el Real Zaragoza mira ya de lleno al curso 23-24. Mientras se consumen estas cinco jornadas (Las Palmas, Oviedo, Cartagena, Ibiza y Tenerife), la prioridad de la SAD es la planificación de la próxima temporada, tarea en la que lleva enfrascado Juan Carlos Cordero desde que llegó en enero.
Habrá un puñado importante de despedidas y un número tanto o más relevante de fichajes con el objetivo de elevar el oficio, la madurez, la cualificación de la plantilla y sus posibilidades, cubriendo espacios que este año han estado demasiado vacíos y mejorando otros que no han satisfecho expectativas.
El verano pasado, el primero con la nueva propiedad al frente, estuvo marcado por una línea de trabajo nítida: el equipo se construyó alrededor de la icónica renovación de los tres principales jugadores de la cantera, Francés, Azón y Francho. Fue una decisión altamente simbólica que sirvió para hacer tabla rasa con el pasado más reciente, en el que las ventas de las figuras más prometedoras de la tierra estuvieron a la orden del día para cuadrar balances. Así se capitalizó la economía y se descapitalizaron varias plantillas.
El mensaje que el nuevo Real Zaragoza mandó al mercado fue muy claro. Esa idea tendrá continuidad, si nada cambia. El club va a defender su patrimonio y no va a vender por voluntad propia a ninguna de las piezas que considere prioritarias. Ese vuelve a ser el punto de partida, como lo fue también hace unos meses. Solo el caso de Pep Chavarría quebró esa máxima por el deseo del lateral de emigrar a Primera. Cordero no va a pedir que se busque destino a ninguno de esos diez-doce futbolistas que cualquiera encuadra en la categoría de principales y básicos para el proyecto. Es el caso también de Francés, que después de una irrupción extraordinaria, de altísimo nivel en el curso 21-22, ha rendido este año muy por debajo de su techo, lo que le ha costado perder el puesto en el once en favor de Lluís López.
Con 20 años, Alejandro ha vivido una temporada de constante aprendizaje a base de golpes, en forma de lesiones y de momentos personales frustrantes. Con contrato hasta 2025, será el central el que decida qué quiere hacer. Si quiere seguir aquí, aquí seguirá. Otra cosa muy diferente será si él da el paso y apuesta por abordar nuevos desafíos.
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