Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La actualidad del Real Zaragoza

El centenario de Francho: el sueño de los Serrano

Los seres queridos de Francho celebran con el canterano los 100 partidos con el Real Zaragoza que, previsiblemente, cumplirá el domingo ante Las Palmas. «Solo nos ha dado motivos para sentirnos orgullosos»

Su tío Ángel, su abuela materna María Pilar, su padre Alfonso, Ángel (abuelo materno), María Luisa (abuela paterna), su novia Laura y su madre ‘Pilica’, junto a Francho.

Su tío Ángel, su abuela materna María Pilar, su padre Alfonso, Ángel (abuelo materno), María Luisa (abuela paterna), su novia Laura y su madre ‘Pilica’, junto a Francho. / Jaime Galindo.

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Mil veces lo soñó. Aquella habitación envuelta en zaragocismo acogía casi cada noche un viaje a un futuro en blanco y azul. Soñaba que jugaba en La Romareda, con los suyos en la grada. Miraba orgulloso ese león tatuado en su corazón y no dejaba de sonreír. Lo había logrado. Francho Serrano había cumplido su sueño y el de miles de niños: era futbolista del Real Zaragoza. Su Real Zaragoza

Aquel bendito sueño que presidió su niñez se hizo realidad con 19 años recién cumplidos, cuando debutó con el primer equipo en Mallorca de la mano de Rubén Baraja. Desde entonces, Francho no ha dejado de crecer hasta rozar los cien partidos con su equipo del alma, una cifra que, previsiblemente, cumplirá el domingo ante Las Palmas. Otra conquista para un futbolista experto en hacer realidad los sueños. Es el triunfo de la humildad, la sencillez y el trabajo duro. «Siempre ha tenido la ilusión de ser futbolista profesional. Desde que iba a la escuela era un chico muy centrado y muy exigente consigo mismo. Jamás ha dado problemas, solo motivos para sentirnos orgullosos», subraya Alfonso, su padre y seguidor acérrimo. «Recuerdo cuando empezó siendo portero en el Oliver. Nadie quería serlo y todos los niños preferían marcar goles, pero él se sentía con la responsabilidad de ayudar al equipo aunque muchas veces llegaba llorando a casa porque le metían goles y lo pasaba mal». En ese barrio creció Francho. El mismo en el que se instalaron sus abuelos Felipe y María Luisa cuando llegaron del pueblo, Alcalá de Gurrea (Huesca), de donde parte el zorro, apodo de Francho. «A los de Alcalá nos llaman rabosos, que es el término en fabla para referirse a los zorros. Y a Francho le viene bien por su forma de jugar. Es astuto y listo», afirma su padre.

El canterano, siguiendo la tradición familiar, también fue scout hasta que fue incompatible con los rigores de un fútbol que siempre presidió su vida. «Recuerdo esa mirada que me pedía que no lo dejara en aquella acampada. Esa cara de perrico abandonado, pero no decía nada. Ese es Francho, un chico responsable y humilde que hace del esfuerzo una forma de vida. Siempre ha tenido que ganarse el puesto para acabar jugando y ejerciendo de ese capitán silencioso».

Francho, con la camiseta con la que disputó la Youth League (Champions juvenil) tras ser campeón de España con el División de Honor juvenil.

Francho, con la camiseta con la que disputó la Youth League (Champions juvenil) tras ser campeón de España con el División de Honor juvenil. / Jaime Galindo.

Y es que Francho ha tenido que madurar a la fuerza. Sus dos años y medio en el primer equipo lo dejan claro. «Es una criba natural. O vales o no. Y él ha tenido que dar la cara en momentos muy difíciles. Durante este tiempo risas ha habido pocas, solo en momentos puntuales o de desahogo. Le ha pesado más siempre la responsabilidad y lo que había entre manos. Ha sido una clase magistral de la vida», asegura Alfonso.

De momento, Francho será centenario con apenas 21 años. «Y ojalá sean muchos más. Siempre estará agradecido al club, pero él también le ha dado mucho. Francho sería feliz si estuviera siempre en el Zaragoza, es de aquí, hemos sido socios en casa toda la vida y lo siente muy dentro. Su sueño es jugar en Primera y la Champions y, por supuesto, si puede ser en el Zaragoza, mejor», asegura.

La novia y el lego

En casa de los Serrano, Francho es la estrella. Su éxito es el de una familia humilde y sencilla que disfruta del paseo por las nubes en el que se ha convertido la vida del futbolista. La sonrisa de sus abuelos maternos Ángel y María Pilar transmite esa felicidad que su madre, Pilica, siente cada vez que recibe en casa a ese hijo que le ha llenado la casa de figuras de lego con las que le gusta relajarse antes de irse a dormir. La afición la comparte a ratos con Laura, su novia desde hace unos meses. «Pero nos conocemos desde hace cuatro años. Es muy amigo de mi hermano», matiza ella, estudiante de 1º de Medicina y zaragocista confesa. «Ahora sufro el doble. Voy a verlo siempre al campo. En mi casa todos somos muy zaragocistas, y ahora aún más».

Francho es sencillez, humildad y cercanía. «Un chico normal y cariñoso que con su gente siempre está haciendo el tonto y gastando bromas. Se desvive por ayudar a todo el mundo y le encanta que le pidan fotos o autógrafos. Es que ha estado al otro lado hace muy poco», expone Laura, que ensalza la «educación» adquirida por su novio a través de sus padres. «Ellos son súper humildes y agradecidos, como él», resalta.

El canterano, con sus dos abuelas.

El canterano, con sus dos abuelas. / Jaime Galindo.

Para ella, esos cien partidos que Francho acaricia ya suponen mucho más que una cifra redonda. «El Zaragoza es el equipo de su vida y esto es lo que siempre ha soñado. Esta temporada lo ha pasado mal cuando no jugaba y lo he visto sufrir como jugador y aficionado, pero no permite que su forma de ser cambie por estar donde está», destaca Laura, a la que Francho tiene reservada una dedicatoria «especial» para el próximo gol.

Al mediocentro le gustaría ser entrenador en el futuro. De hecho, está sacándose el título nacional tras haber dejado la Ingeniería que empezó a cursar tras acabar el Bachillerato. Su hermano Nico también tiene claro, a sus 17 años, que su porvenir está ligado a los banquillos. Por eso estudia ahora el grado superior de entrenador de fútbol en Inglaterra, desde donde asiste orgulloso a la evolución de Francho. «Quién lo iba a decir cuando mi abuelo Felipe nos llevaba a verlo a la Ciudad Deportiva. La familia le hemos ayudado mucho pero ha merecido la pena porque no podemos estar más orgullosos de él», asegura. «Es que es un sueño todo esto. Recuerdo cuando un día, al llegar a casa, me dijo que había entrenado con el primer equipo y, tras saltarse el paso del filial, pasó a asentarse arriba. No acababa de entender cómo mi hermano podía dar ese salto de un día para otro pero todo es fruto de esa humildad y ese esfuerzo que lleva por bandera».

Nico nunca olvidará aquellos viajes para animar a su hermano. «Son los mejores recuerdos de mi vida», afirma. «Lo que ha llevado a Francho hasta aquí ha sido el esfuerzo y la dedicación. Más que el talento, que ha ido cogiendo con los años. Ha trabajado duro y seguirá haciéndolo porque donde no llegan las piernas lo hace el corazón, el esfuerzo y la humildad».

Puro sacrificio

Y el sacrificio. Porque el zaragocista siempre ha tenido claras sus prioridades. «No le he visto beber una gota de alcohol en mi vida y siempre que salimos a comer dice que no puede porque está siguiendo una dieta y tiene que entrenar. Son sacrificios que yo no podría hacer y que le convierten en una referencia para mí en el sentido del esfuerzo y que trato de aplicar a mi vida».

Así es Francho, un jugador con estilo propio. «Cuando todos se depilan, él no. Cuando todos llevan el pelo rapado, él lo luce largo. Si se llevan los tatuajes, él no tiene. Discreción y personalidad y, si hay que ser diferente por algo, que sea por el esfuerzo. Por mucho que crezca, Francho no va a cambiar». Y de esa sencillez presume su abuelo Ángel, que destaca la «capacidad de esfuerzo y sacrificio» del mayor de sus cuatro nietos. «Es, sobre todo, una buena persona. Nunca se permite lujos que puedan perjudicarle en su profesión y se preocupa hasta el extremo por sus compañeros. A Francho le apasiona el fútbol y su Zaragoza. Y vive para ello».

El mediocentro, zorro y león, con un regalo.

El mediocentro, zorro y león, con un regalo. / Jaime Galindo.

Pero la dicha no es completa. Falta algo. Falta alguien. «Su otro abuelo, Felipe, hace tiempo que no está. Era mucho más futbolero que yo y le habría encantado ver cómo su nieto no deja de crecer y mejorar. Le ayudó y se preocupó mucho por él», asevera. 

A su lado, su hijo Ángel, tío de Francho, tampoco deja de soñar. «Siempre he sido zaragocista hasta la médula, pero ahora todavía más. Vivo los partidos con mucha intensidad y que Francho alcance los 100 con el Zaragoza es algo muy especial», subraya. «Tengo una fe absoluta en que va a cumplir bastantes más porque nunca se ha estancado y no deja de evolucionar. Ahora su capacidad de mejora está en el remate, pero es que hace muchas cosas bien».

Es el sueño hecho realidad de los Serrano Gracia. El siguiente tal vez sea lucir en un futuro no demasiado lejano ese brazalete de capitán reservado para los elegidos. «Me haría mucha ilusión, como a toda la familia. Y a él todavía más», advierte su tío. Es Francho, cien por cien Serrano. Pata negra. Un zorro entre leones.

Tracking Pixel Contents