La opinión de Sergio Pérez
La pelota que va rápido de Lillo y el balón en el tejado de Escribá
El Real Zaragoza implosionó el encuentro en cinco minutos en la primera parte en dos acciones aisladas resueltas por la gran calidad de sus llegadores. En la segunda parte dinamitó su ventaja por errores individuales y un gol excelso de Aketxe. Al equipo le volvió a faltar fútbol. Así, aunque a veces la pelota vaya rápido y no vuelva, el balón normalmente acaba en el tejado del entrenador

Los jugadores del Real Zaragoza celebran el 1-0 de Maikel Mesa. / JAIME GALINDO

Transcurría la noche sin nada que llevarse a la boca a la espera del bocadillo del descanso, acaso un vuelo acrobático de Cristian Álvarez para desbaratar a mano cambiada un disparo de Stoichkov y una interesante jugada de Manu Vallejo de fuera hacia dentro, cuando el portero argentino sacó el balón en largo en el minuto 38. Decía Juanma Lillo que la pelota cuanto más rápido va, más rápido vuelve y normalmente acompañada de rivales. No fue el caso.
Cristian lanzó el esférico al aire, el cuero cogió parábola y planeó por el cielo de La Romareda hasta que cayó en la cabeza de Jaume Grau, que la peinó hacia atrás prolongando la acción. El balón saltó hasta la zona que ocupaba Manu Vallejo, que con un toque de gran calidad con la testa creó la ventaja para que Maikel Mesa conectara un misil desde el borde del área, inalcanzable para Luca Zidane.
Esta vez, la pelota fue rápido y ya nunca volvió. Acabó alojada en el interior de la portería del Eibar y provocó que la fisonomía del encuentro cambiara por completo. Otro balón en largo de Lecoeuche poco antes del descanso, colgado al corazón del área, lo cazó Jair, que andaba por allí, y con un control digno de un buen equilibrista lo domó y se lo sirvió a Grau, que llegaba de cara. Su disparo de diestra dobló las manos blandas de Luca y fue el 2-0. Zidane enmendó su día con dos paradas extraordinarias a Bakis y Toni Moya en el descuento.
Igual de rápido que fue la pelota en una dirección regresó de vuelta en la segunda parte. Después de que Bautista hiciera el 2-1 ganándole la partida a Jair, en un balón largo a la espalda de los centrales locales llegó el 2-2 tras un error de medida del luso, que tuvo una mala tarde en sus labores principales. Para colmo, Aketxe echó más sal en la herida con un misil tierra-aire que congeló la noche.
El Real Zaragoza implosionó el encuentro en cinco minutos en la primera parte en dos acciones aisladas resueltas por la gran calidad de sus llegadores. Luego, el equipo dinamitó su ventaja por fallos individuales, y van unos cuantos, esta vez con el acento puesto en Jair. El equipo amagó con reencontrarse en El Molinón, donde estuvo muy serio desde el minuto 35, error grosero de Poussin al margen, pero una semana después no le dio continuidad a pesar de que las circunstancias de la noche le fueron favorables. Sigue sin dar consigo mismo. El mismo fútbol que faltaba en la racha de cinco victorias seguidas continúa faltando ahora, un tiempo después. Falta fútbol y ahora también faltan resultados. En este tipo de coyunturas, aunque a veces la pelota vaya rápido y no vuelva, el balón normalmente acaba en el tejado del entrenador. A Escribá compete dar con las soluciones.
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