La opinión de Sergio Pérez

La dramatización del caso de Víctor Fernández y Cordero

Víctor Fernández y Juan Carlos Cordero, en la sala de prensa de La Romareda.

Víctor Fernández y Juan Carlos Cordero, en la sala de prensa de La Romareda. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

El fútbol es así. Una expresión que vale como recurso para cualquier contexto, para cualquier momento y para cualquier escenario. El fútbol es así y tres días después de que el Real Zaragoza terminara una temporada absolutamente calamitosa (puesto decimoquinto con 51 puntos, lejísimos de los objetivos iniciales de la SAD y flirteando con la zona de descenso hasta la penúltima jornada), la máquina de la reilusión por la próxima campaña ya ha comenzado a sembrar las primeras semillas. Con este calor, todo madura rápido y los frutos serán visibles en poco tiempo, incluso después del sorprendente desenlace del caso de Ander Herrera.

La Liga 23-24 ha sido realmente mala para el Real Zaragoza, pero tal como se comprobó en La Romareda en la última jornada, en un partido sin nada en juego ante el Albacete más allá de la emotividad de la fecha por la histórica despedida del Gol Sur, en la ciudad el fútbol cada vez se entiende más como un vehículo para encontrar la felicidad, para vivirlo con alegría, expansivo y en el que el factor disfrute, de comunión social y alrededor del entretenimiento tienen un peso mayor que los ajustes de cuentas, más clásicos de décadas pasadas cuando el público y la sociedad eran otros y de otra manera.

El fútbol ahora es así. Y así está ahora mismo Zaragoza: empezando a reilusionarse con que Víctor Fernández sea el entrenador del próximo proyecto. Sin embargo, el que hubiera sido el primer brote de esperanza del verano ya no lo será. Ander Herrera ha decidido renovar una temporada más con el Athletic. Es un golpe duro. Hubiera sido el imán perfecto para reenganchar al aficionado en la causa. Ya no se convertirá en lo que en algunas instancias del club se había imaginado.

El final de la temporada dejó unos cuantos sofocones y se ha cobrado una víctima. Raúl Sanllehí dejó de ser el director general de común acuerdo con la propiedad tras dos años de un trabajo destacable desde el punto de vista financiero, societario, inmobiliario e institucional, pero realmente pobre a ras de césped. Su salida nos vuelve a recordar una máxima: el balón manda en este negocio.

En el resto de la cadena de mando, el final de la temporada y este comienzo de la siguiente han dejado las cosas en el sitio en el que el Real Zaragoza había decidido que se iban a quedar hace ya unas cuantas semanas. La SAD quería a Víctor Fernández en el puesto de técnico, y Víctor quería lo mismo desde el día que llegó, y a Juan Carlos Cordero en la dirección deportiva. Sólo alguna fricción personal hubiera dado al traste con esta configuración de la estructura. Esto servía para anteayer y sirve para pasado mañana.

La reunión en Madrid del pasado lunes fue la escenificación de todo este plan. Allí se empezó a dibujar el camino que el club va a tomar en la planificación de este verano. Cordero y Fernández, una pareja de profesionales muy diferentes pero de alta capacidad en sus áreas, trabajarán juntos con la supervisión del director general y de los consejeros con más peso en el área deportiva, que son los que son porque este proyecto viene de donde viene.

En todo, la voz de Víctor será muy importante y el equipo se construirá para su manera de entender el fútbol, algo que el Real Zaragoza tenía asumido desde el día que lo contrató en marzo. Pero ya lo hemos visto estos últimos días. El fútbol también es así: un espacio ideal para la dramatización.