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La opinión de Sergio Pérez

El Zaragoza de ascenso directo de Víctor Fernández y la llaga en el centro del campo

El Real Zaragoza ha salvado muy bien problemas serios en varias jornadas en el centro del campo, a los que debe prestar atención. Lo ha hecho con ejercicios de resistencia y aplicando sus virtudes en momentos clave de los partidos. Así se ha mantenido siempre entre los seis primeros

Víctor Fernández sonríe mientras dialoga con Keidi Bare en una sesión de entrenamiento.

Víctor Fernández sonríe mientras dialoga con Keidi Bare en una sesión de entrenamiento. / FRANCISCO PEÑARANDA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Ager Aketxe lo resumía con esta naturalidad en una entrevista con este diario el pasado miércoles: “Todavía estamos en formación, pero en estos últimos partidos nos está costando, no estamos siendo dominadores del juego. Tenemos que ser más fuertes y más sólidos en el medio”. En las últimas cinco semanas, el Real Zaragoza ha sufrido varias veces el mismo problema en el centro del campo, al que Aketxe hacía referencia durante la charla. A pesar de ello, el equipo ha salvado muy bien los inconvenientes, se ha mantenido siempre entre los seis primeros y acabó la novena jornada en segunda posición. Ha estado en zona de ascenso directo seis semanas y tres, en puesto de playoff.

Las importantes virtudes del Zaragoza (por ejemplo, su extraordinaria capacidad de reacción, la facilidad para hacer gol o la energía con la que llega a la recta final de los partidos) han hecho más pequeño un problema que se ha manifestado de manera relevante en diferentes jornadas, especialmente en las más cercanas. Ocurrió sobre todo en la primera parte ante el Levante, lo mismo contra el Racing, en los últimos quince minutos antes del descanso en Gijón o en Tenerife hasta que el encuentro se acercó a su desenlace.

El Real Zaragoza no tuvo el control de la escena en ninguno de esos días, todos cercanos en el tiempo, y fue superado en esa faceta por rivales con manifiestas virtudes en el juego interior, reseñables las de los cántabros y los valencianos. Al equipo le faltó madurez, experiencia, pases y balón. A esos déficits respondió con sus contundentes armas: repetidos ejercicios de resistencia hasta que el tiempo o el desarrollo de los partidos afloraron ventanas de oportunidades para golpear con otro de los superpoderes propios, la capacidad para ser decisivo en el área y convertir las ocasiones en goles.

El Zaragoza ha salvado muy bien problemas serios. En cualquier caso, y aunque las virtudes de su plantilla sean otras, Víctor Fernández debe seguir buscando la manera de ganar solidez y consistencia con la pelota en el medio. Salvo de manera circunstancial, ha probado casi siempre con las mismas parejas: o Keidi Bare-Marc Aguado o Toni Moya-Francho. Las dos le han funcionado y las dos no le han funcionado, según los días.

Quizá sea el momento de experimentar algo nuevo y de esperar que Aketxe también se involucre en el juego interior del equipo. Además de alcanzar un rendimiento sensacional desde el punto de vista estadístico en el Eibar la temporada pasada (once goles y seis asistencias en Liga), Ager fue decisivo en la continuidad del fútbol y en que funcionaran las mezclas en el medio. En el Zaragoza, su nivel dará también el del centro del campo y la posibilidad de que el equipo aragonés adquiera la capacidad de dominar los partidos no sólo a través de transiciones veloces sino también creciendo en torno al balón.

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