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La opinión de Sergio Pérez

Los tres grandes propósitos de Fernando López y el Real Zaragoza de la eterna reconstrucción

A su llegada, el director general basó su proyecto en tres patas: el ascenso a Primera, el plan 2027 y la continuidad de la estructura y de las personas en el club. El fútbol ha vuelto a saltar otro proyecto por los aires

Fernando López, director general del Real Zaragoza, en una intervención pública.

Fernando López, director general del Real Zaragoza, en una intervención pública. / LAURA TRIVES

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Al final de la pasada temporada, Raúl Sanllehí dio por finalizada su etapa al frente de la dirección general del Real Zaragoza. Esta ciudad agota mucho. Cambió una plaza de la actual propiedad por otra: terminó en Miami al cobijo de Jorge Mas. En su lugar, los verdaderos mandamases de la SAD apostaron por Fernando López, que estaba pilotando los destinos del Ottawa, una franquicia del Atlético de Madrid en Canadá.

El perfil de López es muy diferente al de Sanllehí. Primero, por edad. El catalán atesoraba a sus espaldas un bagaje profesional mucho más amplio en clubs de máximo nivel, donde había trabajado con mayor o menor peso ejecutivo y con mayor o menor fortuna, como suele ocurrir en el fútbol. López, de 41 años, venía de hacer un máster en Norteamérica apadrinado por Miguel Ángel Gil Marín y todavía lo tenía todo por hacer.

A su llegada a Zaragoza, el nuevo director general fue valiente, lo cual siempre es un punto a favor aunque el paso del tiempo pueda convertir esa osadía en un boomerang envenenado. López puso pronto las cartas boca arriba y fijó públicamente el ascenso como único objetivo. Le costó aterrizar y cuando lo hizo trazó una hoja de ruta basada en otras dos premisas fundamentales: la apuesta por la continuidad de las principales figuras de la estructura del club y la creación de un plan de modernización de la SAD hasta 2027, la fecha en la que está prevista la inauguración de la Nueva Romareda.

El ascenso tendrá que esperar. La temporada ha sido calamitosa y no ha acabado con los huesos del equipo en Primera RFEF de milagro. Desde su llegada, el club ha visto marchar por voluntad propia a un entrenador (Víctor Fernández), ha prescindido de otro (Miguel Ángel Ramírez) y de un director deportivo (Juan Carlos Cordero), con el que la SAD tenía acordada su renovación por dos años más. Los pésimos resultados mandaron al traste el plan inmediato del director general. Los buenos propósitos a veces se esfuman. El fútbol es un deporte muy volátil y el Real Zaragoza, un potro salvaje difícil de domar.

De las tres patas del banco sobre el que López comenzó a hacer camino, dos saltaron por los aires por las vicisitudes del fútbol. La tercera, la apuesta por la modernización del club, continúa en marcha. Así es como por ejemplo ha llegado a la ciudad Jesús Medina, expresidente del Linares, en la figura de director de infraestructuras y proyectos al calor de la Nueva Romareda, el gran caramelo de toda esta historia.

De proyecto también habló Gabi antes de que su equipo recibiera un último varapalo en Castellón en esta temporada para el olvido. El entrenador, erigido como todos sus predecesores en portavoz del club ante la ausencia de una figura destinada a esos menesteres, rizó el rizo y lanzó el balón a varios años vista. “Tenemos que ir poco a poco construyendo un equipo que en dos, tres o cuatro años pueda estar en Primera. Lo que nos cueste”.

Seguramente, la manera más sensata de acercarse a Primera es poco a poco, creciendo año a año, trazando una hoja de ruta correcta, manteniendo la buena dirección, conservando los pilares principales del proyecto sin ventas de jugadores decisivos y teniendo capacidad para consolidar aciertos y corregir errores durante cada temporada. Pero hay otra. De sopetón. Aunque es más difícil, hay plantillas gestadas de un verano para otro que han logrado el objetivo mayor.

En Zaragoza, los proyectos han durado poco y se han dinamitado cada poco tiempo, también con la actual propiedad, que ha cambiado de entrenador y de jugadores como de muda. Después de tres años, la SAD continúa buscándose a sí misma. La horrorosa temporada del equipo vuelve a colocar al club en otro momento frontera, ante otra reconstrucción obligada al carecer de una base sólida de futbolistas a partir de los que levantar ese proyecto del que todo el mundo habla pero que nadie consuma. Por unas razones, falta de convicción, o por otras, la mala elección de los nombres, que obliga a zarandear las plantillas al final de cada temporada.

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