Adrián Liso, exjugador del Real Zaragoza: «Lloraba casi en cada entrenamiento, el fútbol me hacía sufrir y toqué fondo»
Con apenas 20 años, el canterano, cedido con opción de compra voluntaria en el Getafe, admite que la pasada temporada fue extremadamente difícil para él, hasta el punto de tener que solicitar ayuda psicológica porque «no sabía ni quién era»

Adrián Liso, cabizbajo al regreso a Zaragoza tras el empate sumado la pasada temporada en Granada. / MIGUEL ANGEL GRACIA

¿Cómo están siendo sus primeros días como jugador de Primera División?
La verdad es que todo va bastante bien. Hay un grupo humano muy cercano y que te ayuda constantemente. Los veteranos están siempre atentos a los más jóvenes, como yo y aunque todo es empezar de cero y es difícil estar por primera vez lejos de tu familia, te vas acostumbrando.
¿Todavía dura el vértigo entonces?
Va a menos. Cuando mis padres se fueron después de llegar aquí con el coche cargado, y me quedé solo, la verdad es que fue un poco duro. Te ves lejos de casa y se hace complicado, pero muchos compañeros han pasado por esto antes que yo y dicen que es normal y que solo es cuestión de tiempo y de acostumbrarse.
¿Vive solo?
Estoy con mi novia, pero ella tiene sus ocupaciones y muchas veces no está. En todo caso, Getafe no está tan lejos y no me puedo quejar.
En absoluto. No hay muchos que puedan presumir de ser jugadores de Primera División con apenas 20 años.
Así es. Lo pienso y casi no me lo creo. Cuando era pequeño soñaba con jugar en la élite, me ilusionaba mucho estar con los mejores y ahora he llegado aquí con 20 años. Brutal.
Aunque no ha podido ser con el Real Zaragoza…
Lástima, sí, pero esto es el fútbol y son cosas que pasan. Los sueños, en todo caso, son de cada uno y el mío era jugar en Primera División, a ser posible con el Zaragoza, pero ha tenido que ser con el Getafe.
¿Cómo empezó todo?
Fue a raíz de la llegada de Gabi al Zaragoza. En la negociación salió mi nombre y al final se hizo la operación. Cosas que suceden.
Pero el flechazo de Bordalás con usted venía de lejos. Ya estuvo cerca del Getafe hace justo un año.
Así es. Estuve muy cerca, sí, pero con la presencia en el Zaragoza de Víctor Fernández al final no se hizo.
¿Qué le dice Bordalás?
Me corrige mucho. Está muy encima de mí y entiendo que sea así. Al final todo es nuevo para mí y que me diga lo que puedo y debo hacer mejor es muy necesario.
Prepárese a currar de lo lindo.
Ya lo estoy haciendo, ya. Lo tengo claro. Los entrenamientos son tela marinera.
¿Qué echa de menos?
A todos. Había un muy buen grupo allí, pero sobre todo echas de menos a los compañeros con los que has crecido. Cuando las cosas van mal siempre te refugias en los tuyos.
Por cierto, ¿la opción de compra del Getafe a final de temporada es voluntaria, no?
Sí, sí, es voluntaria. Se trata de un préstamo y es el Getafe el que debe decidir si se queda conmigo o no.
Su comunicado de despedida fue sorprendente. Ninguno de los dos clubs había dicho nada.
Lo sé, lo sé. Mi representante había hablado con los dos clubs y ambos dieron el OK y vía libre para despedirme, pero es verdad que se montó tanto revuelo que me quedé alucinado. Yo era un mandado.
¿Cayó bronca?
No, no. Mucha gente se quedó sorprendida pero yo solo me limité a hacer lo que me dijeron.
¿No tiene la impresión de que va todo demasiado rápido?
La verdad es que sí. He pasado de estar en una nube hace un año a una temporada muy dura el curso pasado. He atravesado todas las situaciones que puede pasar un jugador. Arriba del todo y muy abajo, pero al final se trata de aprender. Me han pasado cosas que normalmente suceden con 28 o 30 años y la verdad es que ha sido muy duro tanto para mí como para mi familia. La gente no es consciente de lo que es llorar casi en cada entrenamiento porque las cosas no te salen.
Se le veía sufrir en el campo.
Tal cual. No era un tema puramente futbolístico, sino la sensación de que no te sale nada. Influye también la dinámica del equipo, pero la gente aprieta, hay mucha presión y tienes ganas de hacerlo bien. Sin embargo, para un chaval de 20 años de la cantera no es fácil y eso lleva a la frustración.
¿Cuándo se da cuenta de que algo va muy mal?
Sería el partido de Copa ante el Granada. Ya había recurrido antes a mis padres porque no me veía bien, pero ese día toqué fondo. No era yo, no estaba y no entendía qué me estaba pasando. Era una situación límite y sentía miedo e impotencia porque por mucho que lo intentaba no me salía nada. No encuentras explicación y te hundes.
Supongo que derramaría muchas lágrimas…
Muchas. Si no en cada entrenamiento, cada dos de ellos. A partir de noviembre, más o menos, cada partido era una lucha constante para mí y todo era sufrimiento.
¿Cómo se gestiona eso?
Al final recurrí a ayuda psicológica para intentar ser yo porque no sabía quién era. Fue mi representante el que me lo recomendó porque no era consciente de lo que me pasaba.
¿Y mejoró?
Sí, poco a poco. A algunas personas les cuesta menos y a otras algo más, porque cuando estás tan abajo se tarda más en salir.
¿El peor momento fue cuando parte de la afición le silbó contra el Oviedo?
Ese día dije: ‘madre mía’. Me daba miedo jugar, sentía vértigo y sabía que iba a fallar y que me iba a caer una buena de la grada. No me veía bien, no me gustaba jugar al fútbol, iba a sufrir en cada entrenamiento. Era un calvario.
Y con 20 años…
Dentro de lo malo, son experiencias que vas acumulando y que te curten. Fue un momento horroroso, el peor de mi vida, y siempre lo recordaré.
Aun así, fue el jugador de la plantilla que más partidos jugó: 40.
Sí, y hay que aprender de todo lo que te pasa. Me ha pasado de todo en una sola temporada.
El miedo al descenso lo empeoraría todo, claro.
Tras la derrota en casa contra el Eldense ya tuvimos claro que había que tener mucho cuidado y era obligatorio espabilar porque el riesgo de bajar era evidente. La llegada de Gabi nos tranquilizó, nos decía que estuviéramos tranquilos y nos repetía constantemente que iba a salir bien. En esos momentos tan delicados, es lo que más ayuda.
"Cada partido era una lucha constante para mí, no me gustaba jugar y todo era sufrimiento. Me daba miedo, sabía que iba a fallar y que me iba a caer una buena desde la grada"
¿Por qué se complicó todo tanto?
La mala dinámica se nos llevó a todos por delante. Cuando las cosas no salen a pesar de intentarlo todo se hace más duro y difícil. Y si la situación empeora la cosa se complica cada vez más.
Usted, Luna, Nieto, Marc, Iván, Francés… no cesa la marcha de canteranos…
Ya veo ya. Estamos saliendo muchos y eso se nota en el vestuario. Ayuda mucho esa conexión especial con tu gente, pero los que vienen también son buenas personas.
¿Cómo ve al Zaragoza? Tres fichajes de momento.
En el club están tranquilos. El mercado es largo y toca esperar. De hecho, ya pasó algo parecido el año pasado, cuando a última hora llegaron varios jugadores. Son cosas que pasan. Veo buena estructura y buen ambiente y eso es lo que siempre suma.
Se está llevando a cabo esa reestructuración anunciada en el club, al que se pretende dar la vuelta.
Falta hace. Cuando entras en la Ciudad Deportiva dices, ‘madre mía’. Es lo más necesario.
«Falta hacía esa reestructuración. Entras en la Ciudad Deportiva y dices: ‘madre mía’»
Mire que si se asciende ahora que no está usted…
Ojalá. Firmo donde sea. Al final, es lo que todos queremos.
¿Volverá?
Ya le digo que la opción de compra del Getafe es voluntaria, así que….Mi padre siempre me enseñó a no cerrar ninguna puerta porque nunca sabes lo que va a pasar.
¿Con qué sueña ahora?
Con poder hacer la mejor temporada posible. Es la oportunidad de mi vida. Nunca he estado en estadios como los del Madrid o el Barcelona, que solo he visto por la tele o jugando al FIFA y supongo que me impactarán, pero hay que disfrutarlo.
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