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Real Zaragoza

Batalla perdida con Sinan Bakis para el Real Zaragoza

La nota más negativa del encuentro ante el Mirandés fue la deficiente actuación del turco, que se llevó una pitada y sigue dando muestras de ser un jugador irrecuperable

Bakis, con gesto contrariado durante una acción del duelo ante el Mirandés

Bakis, con gesto contrariado durante una acción del duelo ante el Mirandés / Miguel Ángel Gracia

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Hace unas semanas parecía imposible recuperar para la causa del Real Zaragoza a Sinan Bakis. Su carrera, tras su fichaje por los blanquillos en 2023, ha ido de mal en peor y su vuelta obligada al equipo de Gabi era más un marrón que otra cosa. Y, aunque el turco estaba convencido de sus posibilidades y así lo ha transmitido en varias ocasiones, la tozuda realidad se ha impuesto y su posible renacer ha tornado en una batalla perdida que tiene que acabar irremediablemente con su salida del club.

Porque las esperanzas que había puestas en Bakis para que pudiera ser una pieza útil en el nuevo Zaragoza se han disipado en tan solo dos amistosos. Ante rivales realmente débiles (el Deportivo Aragón y un Mirandés bajo mínimos), el delantero ha evidenciado que nada queda en él del futbolista que deslumbró en el Andorra. Además, su actitud, especialmente en el duelo ante los de Miranda, dejó mucho que desear, mostrando un pasotismo que la afición respondió con la primera pitada del Ibercaja estadio.

Antes, la grada ya se había desesperado en varias ocasiones con el turco. Su poca concentración le costó caer hasta en tres ocasiones en fuera de juego en los 45 minutos que jugó en el segundo choque de preparación. Sin ningún remate de mérito, su participación se limitó a una bonita acción que protagonizó el atacante en una jugada en la que bajó al centro del campo a recibir y que tenía buena pinta, pero que no acabó generando peligro.

Un bagaje muy pobre hasta el momento que contrasta con sus intenciones y con sus aspiraciones. “Estoy totalmente centrado en el Real Zaragoza. Voy a demostrarle a la afición quién soy realmente. Confío en que triunfaré allí, solo necesito la confianza del técnico y una oportunidad justa", decía Bakis en una entrevista a este diario pocos días antes de comenzar la pretemporada.

Esas palabras parecieron convertirse en hechos durante el inicio de la preparación, en los Ángeles de San Rafael. Porque hay algo que no se le puede negar al ariete y es su mejoría en el apartado físico. Bakis está más fino que nunca y comenzó dando que hablar en la sierra segoviana. En los partidillos de entrenamiento, el turco fue uno de los más destacados día tras día y dejó varios remates y goles espectaculares.

Algo que contrasta con que lleva sin anotar un gol en partido oficial más de dos años y lo hizo con el Andorra. Esa es la realidad de Bakis ahora mismo. Un jugador sin ningún tipo de confianza y colapsado mentalmente. Su calvario comenzó precisamente tras su fichaje por el Real Zaragoza. En su único año como blanquillo, en la campaña 23-24, el delantero jugó en 19 partidos en los que participó, sin estrenarse, en 1.127 minutos. Además, una lesión en la rodilla le apartó varios meses de los terrenos de juego.

La temporada siguiente y a pesar de la decidida apuesta económica que había hecho el verano anterior por Bakis, el club aragonés decidió buscarle una salida y el delantero se fue a Polonia, al Gornik, buscando volver a sentirse el futbolista que en el Principado fue uno de los mejores jugadores de Segunda. Pero las cosas no mejoraron, incluso fueron a peor. Sin apenas protagonismo, y sin goles, en un equipo menor, su año volvió a ser un fracaso que no consigue frenar. Por ahora, sigue dando la sensación de ser un jugador irrecuperable. Mucho tendrían que cambiar las cosas

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