El Real Zaragoza apesta. La crónica del Granada-Real Zaragoza (3-1)
Sexta derrota consecutiva de un conjunto aragonés espantosamente gestionado por Sellés al que ni siquiera le sirvió adelantarse en el marcador a los dos minutos

Adrián detiene un balón durante el partido en Granada. / Carlos Gil-Roig

El hedor es insoportable. Apesta a muerto este Real Zaragoza ya en estado de descomposición, con los gusanos campando a sus anchas por un cadáver al que los suyos siguen llorando a moco tendido. La defunción, a la espera de certificado oficial, aboca al más profundo desconsuelo a una familia que lleva mucho tiempo sufriendo pero empeñada en no dejar de creer. La tristeza es colosal.
Seis derrotas consecutivas acumula ya este Zaragoza podrido, tres de ellas con un tal Rubén Sellés en el banquillo. Otro entrenador de autor que fracasa. Porque el valenciano, refugiado en mejorías falsas, no ha hecho sino echar más paladas de tierra a un ataúd en el que habita un equipo que, con el valenciano en el banquillo, está cada vez más lejos de la salvación.
No tiene un pase hasta ahora este entrenador, que está siendo tan malo como un equipo al que gestionó, otra vez, de forma caótica
A cinco puntos estaba el Zaragoza cuando llegó Sellés y a nueve está ya. Menos mal que, según el técnico, el equipo ha dado pasos adelante en todas las facetas. No tiene un pase hasta ahora este entrenador, que está siendo tan malo como un equipo al que gestionó, otra vez, de forma caótica. Como hizo en Gijón, donde fue incapaz de crear ocasiones durante una hora en superioridad numérica. O ante el Dépor, al que nunca supo por dónde atacar. Pero lo de Granada fue el colmo. Guti, cuya titularidad indiscutible explica con estruendosa claridad la situación actual, otra vez como mediapunta; una incapacidad manifiesta para tener el balón, una sumisión insoportable al oponente, dos laterales de muy bajo nivel al que el entrenador mantiene en el campo a pesar de ser un coladero y estar amonestados, o la decisión de dejarlo todo como está tras el descanso a pesar de que todo era un desastre, señalan a Sellés, que vino para salvar al Zaragoza y lo está hundiendo cada vez más.
Y luego está lo de Bakis, la primera elección del entrenador para remontar por delante de Dani Gómez, Kodro o Bazdar. En fin, un despropósito tras otro que incide en esa sensación de que, cuanto más pequeño hace esta propiedad a uno de los clubs más ilustres del país, más grande le viene a más gente. A Sellés, como a muchos otros. En el campo y arriba, donde han de dirigirse los focos para depurar reponsabilidades.
La titularidad indiscutible de Guti explica con estruendosa claridad la situación actual del Zaragoza
Se puso el partido como tanto ansiaba el Zaragoza, ese equipo que encuentra todo tipo de excusas par justificar su incapacidad. Ganaban los aragoneses a los dos minutos, gracias a una elaborada jugada rubricada entre Óscar y Pau Sans tras asistencia de Francho. Eso, se supone, debía serenar ánimos y aportar esa dosis de seguridad y confianza de las que tanto carece. Pero tampoco eso sirvió para ganar. Porque el Zaragoza completó una primera parte ridícula para quedar completamente sometido a un oponente que le acribilló desde todos los lados, principalmente, desde los costados, donde el Zaragoza emana sangre a chorros. Pomares y Aguirregabiria fueron un pelele a manos de un Granada que inclinaba el campo hacia ambos flancos para llevar desde allí su amenaza. La principal fue Faye, asistente a Pascual en el tanto del empate, que llegó a nueve minutos del descanso, pero que bien pudo haber llegado mucho antes.
Porque ese gol tempranero que iba a ser la solución a todos los males se convirtió en un grano en el trasero. El Zaragoza se fue atrás para protegerse a través de dos líneas juntas y con Guti como un mediocampista más, lo que impedía la salida de balón de un Zaragoza al que el balón le duraba menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Sola y Pascual avisaron con sendos remates en los que un nervioso Adrián se empleó con suficiencia, pero la jugada clave llegó a los 36 minutos, cuando Soberón, en la única contra zaragocista en todo el primer periodo, culminó la transición como un benjamín, renunciando al pase claro al compañero y ejecutando un disparo blando e indecente que Luca recibió con una carcajada justo antes de iniciar el contragolpe que derivó en Faye para que este encontrara a Pascual en la boca de gol.
A partir de entonces, el desastre. Pasar del posible 0-2 al 1-1 dejó grogui a un Zaragoza que, como siempre, se plantó de rodillas implorando clemencia. El Granada olió sangre y se lanzó a la yugular de una presa que se salvó por centímetros antes y después del descanso, con goles anulados por centímetros a Faye y Williams.
Pero Alemañ, tras otro error de Guti, que falló en el pase y volvió casi andando, remontó tras recibir de Pascual para hundir a un Zaragoza que tuvo el empate en las botas de Dani Gómez, que mandó un buen remate al palo, lo que acabó de destrozar a un equipo que recibiría la puntilla en el descuento en una contra rubricada por Arnaiz. Apesta todo.
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