La opinión de Sergio Pérez
La vida a contrarreloj de Rubén Sellés en el Real Zaragoza y el ruido de sables a su alrededor
El técnico no lleva ni un mes en el cargo pero ganar empieza a ser condición sine qua non en la ecuación de su futuro

Rubén Sellés, en una rueda de prensa con el Real Zaragoza. / LAURA TRIVES

Señalar a Rubén Sellés como el principal responsable de los males del Real Zaragoza tendría una extraordinaria carga de injusticia. El técnico valenciano aceptó lo que otros colegas suyos, con más recorrido y currículum, rechazaron por miedo y falta de convencimiento. Aunque envenenada, como ya lo había sido para Emilio Larraz, era una oportunidad para él. En apariencia con poco que perder: ser un caído en combate más en una plaza en la que ni capitanes ni generales ni soldados rasos han resistido en pie y asumir un hipotético daño reputacional en el caso de fracasar. Y con mucho que ganar si resucitaba a un muerto y tenía éxito.
Sellés no es el culpable de nada más que de lo que le ha tocado gestionar, las tres últimas jornadas. Sin embargo, es el actual entrenador del Real Zaragoza y, por lo tanto, el responsable máximo de la situación a nivel deportivo. Lo sería en las buenas y lo es en las malas. En sus tres apariciones, su equipo ha perdido en las tres: en su debut en Gijón con una notable puesta en escena en la primera parte y una gestión deficiente de la superioridad numérica en la segunda, luego con una derrota en casa contra el Deportivo con momentos también de cierta prestancia pero sin ningún colmillo y, por último, con el desastre de Granada, donde llegó a insinuar que marcar el 0-1 en el minuto 2 fue contraproducente y produjo un extraño y novedoso bloqueo.
En total, cero puntos de nueve, seis goles en contra y uno a favor. Las primeras apariciones de Sellés tuvieron momentos a los que agarrarse tanto frente al Sporting como ante el Deportivo, razones con cierto peso en el Zaragoza contemporáneo pero que serían ridiculeces en un contexto histórico. El equipo ganó orden e intención. Purgó pecados por las mismas culpas que sus predecesores: la falta de dominio de las dos áreas.
En Granada, el Real Zaragoza sufrió una clara regresión en su juego. Fue superado totalmente, futbolística y físicamente. Los pasitos adelante que había dado con el valenciano quedaron sepultados por la inferioridad tan manifiesta ante un rival de la misma Liga y con problemas similares.
Sellés no es el culpable de que la plantilla tenga las taras que tiene ni de que la propiedad haya llevado a la SAD hasta este punto de muy difícil retorno. Pero sí lo es de lo que sucede en el campo. Es responsable de que el equipo se descosiera tácticamente, de insistir con Guti en la mediapunta o de hacer una mala valoración en algunas elecciones, con el caso de Dani Gómez como el más llamativo. Lo es también de no entender cuál es el significado de poner a jugar a Sinan Bakis.
A los entrenadores los hacen grandes las victorias y los destituyen las derrotas. En el horizonte asoma el derbi contra el Huesca, que este lunes destituyó a Sergi Guilló. Para ese partido, Sellés tendrá a algunos jugadores disponibles más que le pueden ampliar y mejorar el abanico de posibilidades, como Saidu o Radovanovic. El técnico no lleva ni un mes entre nosotros pero ganar empieza a ser condición sine qua non en la ecuación de su futuro. El ruido de sables ya se oye a su alrededor.
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