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Así resucitó el Real Zaragoza: El cambio de Sellés

El cambio de dibujo del técnico, al fin con dos delanteros natos, la fijación de alturas y distancias, la intensa presión tras pérdida y la apuesta por la experiencia y jugadores con despliegue, recorrido y capacidad para repetir esfuerzos redujeron cobardía y mejoraron las prestaciones de un equipo aragonés más reconocible

La resurrección del Real Zaragoza: los cambios de Sellés para ganar al Huesca

El Periódico de Aragón

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

El cambio fue sustancial. Desde que, una hora antes del choque, se hizo pública la alineación de un Real Zaragoza al fin con dos puntas natos. Le costó a Sellés entender que Guti ni ha sido, ni es, ni será mediapunta, fundamentalmente, porque no tiene gol (ha marcado dos en sus cuatro últimas temporadas) y tampoco destaca por su potencial para asistir. Tiene disparo, sí, y capacidad de trabajo, también, pero donde mejor desarrolla esas virtudes es en la sala de máquinas y junto a otro compañero con el que compartir tareas de corte y confección. A Keidi Bare eligió Sellés como compañía para el canterano, en una de las sorprendentes decisiones del técnico, que, sin embargo, salió vencedor del duelo de banquillos. Con el albanés repartiéndose el trabajo, las alturas y las tareas con Guti, el Zaragoza mejoró hasta que le aguantó el físico. Cuando al doble pivote le comenzó a faltar el aire, el equipo se cayó y sufrió hasta que Sellés , al que le volvió a costar entender lo que le transmitía el partido, tiró de Saidu para aportar ese aire fresco necesario.

Con dos puntas, el Zaragoza tuvo más presencia en el área, dificultó la salida de balón del rival, recurrió en más ocasiones a la presión alta y, enfundado en un bloque medio con dos líneas de cuatro juntas, apretó y se desenvolvió notablemente en una presión tras pérdida en campo contrario que le dio mucho durante esos primeros minutos del derbi en los que el conjunto blanquillo marcó diferencias y encauzó una victoria trascendental. La doble punta (Soberón y Kodro) permitió cargar más el área, mejorar en la descarga y en la combinación, casi siempre destinada hacia los costados. Allí, la presencia de Valery y Francho aseguraba despliegue, repetición de esfuerzos y ayudas defensivas a los laterales. Intensidad, energía, piernas y solidaridad como elementos básicos en busca de amedrentar al rival desde el comienzo y adelantarse en el marcador, algo que Sellés y el resto del mundo consideran clave en esta categoría.

Y el plan funcionó. Claro que también lo había hecho en Granada. De hecho, si en algo destaca el Zaragoza de Sellés es en la puesta en escena en los partidos. Es tan brillante el técnico en el planteamiento inicial de los encuentros como deficitario en su gestión y lectura de los mismos. En el derbi, en cambio, supo reaccionar a tiempo, a pesar de esa tardanza en descifrar ese mensaje de cansancio que le transmitía su equipo y que, con Keidi agotado y Guti tocado, pudo costar caro.

El día de la gran final, Sellés apostó por la experiencia. Jugadores curtidos y bregados a los que la enjundia y relevancia del duelo no les pasara por encima. El cambio empezó en la portería, donde Andrada (34 años) ganó la partida a Adrián en el enésimo baile bajo palos (mala señal) de la temporada. En defensa, la media de edad superaba los 30, con Aguirregabiria y Pomares asentados ya como la clara elección en los laterales. Radovanovic e Insua (32) completaban una zaga que volverá a romperse el próximo fin de semana en Eibar para abocar a Sellés a volver a buscar compañero para Insua ante la sanción que recaerá sobre Radovanovic tras ser expulsado en los últimos minutos del derbi.

Francho (24) fue, de hecho, el único jugador menor de 25 años que formó en la alineación inicial ante el Huesca. Junto a él, Guti (29), Keidi Bare (28), Valery (26), Soberón (28) y Kodro (32) para acentuar esa apuesta por la experiencia de un técnico valenciano que tiró de galones (los tres primeros capitanes fueron de la partida desde el inicio y el cuarto, Moya, salió en la segunda parte).

Francho (24) fue el único jugador menor de 25 años que formó en la alineación inicial ante el Huesca

Aunque, seguramente, uno de los principales cambios del Zaragoza respecto al pasado más reciente alcanza a su forma de gestionar la ventaja en el marcador. Como en Granada, el equipo se adelantó pronto pero esta vez no retrocedió de forma temeraria para dedicarse a achicar agua. Ya lo advirtió Sellés en la previa: «No tenemos argumentos para resistir 90 minutos en un bloque tan bajo y somos el cuarto equipo que más fácil le rematan en el área. Necesitamos ser más agresivos y mi propuesta lo es», admitió el entrenador en un acertado diagnóstico. Por eso, ordenó a los suyos mantener el bloque medio, la presión alta seleccionada y, sobre todo, la altura y agresividad en los duelos tras el golazo de Aguirregabiria. Y el Zaragoza, con mayor o menor acierto con el balón, siempre fue competitivo, sin duda, el término al que más recurre Sellés durante sus comparecencias.

El primero paso de la obligada reacción, a expensas de que tenga continuidad en las próximas semanas, pasó por cambios no solo en la pizarra, sino también en la forma de encarar una situación tan extrema como la actual. Por eso, limpiar las cabezas de los jugadores fue tarea esencial para Sellés, que contó con la ayuda del psicólogo Jesús Cabrero para ello. Desde el primer entrenamiento posterior al sofocón de Granada, el cuerpo técnico se esforzó en desterrar el victimismo, la resignación y el abandono para convencer a los futbolistas de que el camino hacia la redención está trazado. Esa labor de persuasión edificó un Zaragoza comprometido, solidario y, lo más importante, vivo, como demostró en su forma de encarar una final. Esa entrega fue suficiente para que la afición, más conectada que nunca antes este curso, fuera determinante. Al fin, se identificaba con lo que su equipo le transmitía. No era tan difícil.

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