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La opinión de Sergio Pérez

La guerra del Real Zaragoza, el soldado Rubén Sellés y la razón principal de su fichaje

En un contexto de guerra y hostil, Sellés ha empezado a demostrar que tiene cualificación profesional. Ha empezado a ganar logrando la cuadratura del círculo

Rubén Sellés reordena a sus jugadores desde la banda en Ipurua en el partido del Real Zaragoza en Eibar.

Rubén Sellés reordena a sus jugadores desde la banda en Ipurua en el partido del Real Zaragoza en Eibar. / CARLOS GIL-ROIG

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

El Real Zaragoza venía de vivir un cataclismo contra la Cultural Leonesa. La derrota por 0-5 despertó de su sueño a Emilio Larraz. Era lunes 20 de octubre. Un día antes, este diario les había adelantado quién era el elegido para tomar las riendas del banquillo e iniciar una nueva etapa tras la bala gastada de Larraz y la decepcionante era de Gabi Fernández, a quien el toro le había embestido por falta de mano. La SAD hizo oficial el fichaje de Rubén Sellés con estas líneas: “El valenciano, que se caracteriza por su excelente gestión de grupo y su apuesta por un fútbol intenso y vertical, firma como nuestro técnico hasta final de temporada, con otra campaña opcional”.

Desde que su nombre empezó a circular en la esfera pública gracias a la información ofrecida en la web de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN hasta su presentación, sobre la figura de Sellés empezó a extenderse una alargada sombra de sospecha. Era un entrenador joven, 42 años, sin experiencia en España y que venía de una mala racha en el Sheffield United, donde había sido destituido después de seis derrotas consecutivas. Por resumirlo. Se podría decir que no respondía al perfil mayoritariamente esperado: un técnico más veterano, curtido en mil batallas, conocedor de la Segunda División y con armas para provocar un cambio inmediato, si es que alguien puede asegurar algo así.

Las peculiaridades de su presentación todavía añadieron más suspicacias a su contratación con aquella desafortunada intervención de Txema Indias en la que sugirió, sin querer afirmar nada que se le pareciera, que Sellés se había ofrecido por WhatsApp. La escenificación fue la peor posible y la selección de las palabras y los argumentos, terrible. Los tres primeros partidos del valenciano al frente tampoco le ayudaron porque los resultados le dieron la espalda. Fueron tres derrotas consecutivas con un gol a favor y seis en contra, que empeoraron la situación clasificatoria todavía más. El equipo cayó al fondo del mar.

Sin embargo, detrás de los malos resultados había sembrada una semilla. Quien quiso verla pudo apreciarla en la primera parte en Gijón y también en sólidos pasajes del encuentro frente al Deportivo en el Ibercaja Estadio. Las derrotas sepultaron esas pequeñas siembras. El 3-1 frente al Granada en Los Cármenes fue el episodio que más ensució el trabajo de Sellés. Fue su gran borrón y el momento en el que su intervencionismo estuvo más en duda. En el resto de los partidos se habían visto cosas, por supuesto también en la victoria contra el Huesca, de momento el celebrado punto de inflexión de este tramo de temporada.

El valenciano ha hecho competitivo al Real Zaragoza y ha conseguido la cuadratura del círculo: ser resolutivo en el área rival, con pocos disparos lograr mucho rendimiento, y asegurar la propia en las dos últimas jornadas. Eso es una gran noticia o puede ser también un motivo de preocupación porque la efectividad ha sido máxima y no siempre lo será. Sellés ha sabido convivir con la presión en contra, con los malos resultados y con el yugo de sentirse señalado. Ha sabido mantener la tranquilidad en una situación crítica tanto deportivamente como a nivel personal. No hay entrenador que sobreviva a la acumulación de derrotas sin fin.

Sellés estaba habituado a este tipo de escenarios en Inglaterra, donde entrenó en los tres primeros niveles: la Premier, la Championship y la League One en contextos así de complejos. La razón principal por la que el Real Zaragoza lo fichó fue precisamente esa: su capacidad de adaptación instantánea a una situación extrema, de máxima dificultad. Esto es muy largo todavía, pero el entrenador por fin ha logrado el primer efecto rebote. En un contexto de guerra y hostil, por el camino ha empezado a demostrar que tiene cualificación profesional y que su mensaje está calando en el grupo.

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