La opinión de Sergio Pérez
La encrucijada de la propiedad del Real Zaragoza y el sorprendente desajuste económico-deportivo del club
El Real Zaragoza ha rebajado su deuda por debajo de los 40 millones y afrontará su quinta ampliación de capital. Es llamativo el desajuste entre la fuerza financiera de la SAD y la debilidad de sus resultados deportivos

Los consejeros Juan Forcén y Mariano Aguilar, dos de las piezas claves de la SAD, durante una junta general de accionistas del Real Zaragoza. / ÁNGEL DE CASTRO

La actual propiedad del Real Zaragoza cumple su cuarta temporada en la ciudad. Cuatro años pueden no ser nada o una eternidad. A su llegada en la primavera de 2022, los nuevos dueños de la SAD fueron recibidos con todos los honores y en los mejores despachos. Hubo paseos, sonrisas y fotos por doquier. Jorge Mas se puso a la cabeza de un grupo de empresarios de postín compuesto por hombres de traje y corbata pertenecientes a las altas esferas del mundo económico, la gran inversión y del ladrillo, con Juan Forcén, que se quedó donde estaba, haciendo de nexo entre el pasado y el futuro y como único lazo de unión con Aragón.
En el horizonte, el sueño de la Primera División y otra aspiración todavía más grande: la construcción de la Nueva Romareda para 2027, las dos razones imprescindibles para que aquel grupo tan variopinto de inversores se dejara seducir por el proyecto de un equipo de fútbol ajeno a sus vidas hasta entonces. Desde el primer instante, el centro de operaciones de la propiedad estuvo en Madrid, desde donde siempre se ha tutelado su día a día.
El pueblo los recibió como siempre se recibe al dinero. Más todavía en un club castigado por una larga etapa de decepciones en Segunda División tras nueve años de desengaños y penurias económicas que se concretaron en la venta de los principales activos futbolísticos de la Ciudad Deportiva como método de supervivencia. Aquello resultó pan para hoy y hambre para mañana. Real Z LLC, el nombre que el grupo inversor eligió para llamarse a sí mismo fijando sus amarras en Estados Unidos, se estrenó empezando la décima campaña en la categoría con un tiempo tremendamente esperanzador por delante, promesas de grandeza, muy buenas palabras y un poderoso músculo financiero que se puso de manifiesto desde el primer momento.
De aquellos días de la primavera de 2022 hasta ahora, el capital social de la SAD se ha multiplicado por siete y será ocho veces mayor después de la junta general de accionistas de diciembre. La deuda neta ha caído hasta los 39,6 millones de euros después de reducirse otro 18,7% en el último año. El club cuenta esta temporada con el límite salarial más alto de esta interminable etapa en Segunda (11,2 millones oficiales, algo más de 12 reales) y ha dispuesto de dinero suficiente para construir plantillas aspirantes en todas sus temporadas.
Sin embargo, nada ha salido como parecía que podía salir como consecuencia de dos razones fundamentales: la equivocación permanente en la toma de decisiones deportivas, en las elecciones de directores deportivos, técnicos y jugadores, y el profundo desarraigo de la propiedad con la realidad social de Aragón al no pisar ni entender el terreno, circunstancia que le ha llevado a un alejamiento paulatino de su masa social. El zaragocismo está muy decepcionado con esta situación.
Hasta el momento, los ejecutivos que la propiedad ha mandado a la ciudad tampoco han conseguido crear un vínculo emocional fuerte con la ciudad. No han sido iguales unos que otros ni tampoco iguales los intentos por hacer bien las cosas de unos que de otros. Eso sí, el orden de los factores no ha alterado el resultado final. Muchas veces, la SAD ha confundido sus verdaderos intereses, poniendo una tilde muy marcada en el negocio y descuidando sus estructuras deportivas, maltratadas por una praxis errática en la selección de los perfiles y a veces hasta por abandonamiento. La madre del cordero tampoco ha cambiado: los malos resultados sobre el césped han sido permanentes y la inestabilidad, continua y cada vez más acusada. Las victorias ante el Huesca y el Eibar han revivido al equipo y han raebierto la puerta de la esperanza en la salvación.
Sin éxitos sobre el campo, ningún club de fútbol puede alcanzar la gloria. Contra pronóstico, porque siempre se cree que el dinero da la felicidad, el Zaragoza de Real Z LLC está siendo un proyecto perdedor hasta la fecha. En su primera temporada, la 22-23, el equipo concluyó decimotercero con 53 puntos, a catorce del playoff. En la siguiente fue decimoquinto con 51 a trece del sexto clasificado. En la 24-25, la caída se acentuó: terminó decimoctavo con 51 puntos, coqueteó con el descenso toda la Liga y finalizó a 17 de la promoción. En la corriente es colista después de quince jornadas con 12 puntos, a cinco de la zona de la permanencia.
Es notorio que el proyecto deportivo de la actual propiedad ha fracasado. Los dueños de la SAD también han naufragado social y sentimentalmente: no han conseguido hacerse querer ni generar empatía. Ahora mismo son vistos como un grupo de ejecutivos ajenos al club del que son propietarios sin ningún tipo de unión con la ciudad, con un presidente ausente y una distancia enorme entre los palcos vacíos y las gradas llenas. Riqueza sin compañía, no es alegría. Eso sí, nadie les podrá negar, sino reconocérselo, el importante desembolso económico que han realizado en estos cuatro años principalmente a través de ampliaciones de capital para reducir la deuda y darle solidez a la empresa.
Al paso por el otoño de 2025, que cuatro años pueden no ser nada o una eternidad, el Real Zaragoza se enfrenta a una encrucijada doble, un momento de su historia en el que se están cruzando caminos y en el que debe decidir qué quiere ser, cómo y con quiénes, quiénes salen y quiénes entran, que habrá salidas y entradas. En qué aciertos profundizar, básicamente financieros, y qué errores corregir, los más numerosos. Las crisis deportivas en el fútbol siempre producen cambios. No será esta la excepción.
Dentro de la SAD, Forcén defiende la incorporación de capital aragonés para suavizar los problemas de desarraigo del club y generar una mayor identificación social. Mientras tanto, mientras se redefine el Zaragoza del futuro con el presente apretando las clavijas, el proyecto corre riesgo de terminar en Primera RFEF y sufre un claro desgaste externo. A todos los niveles. La falta de seriedad en el abono de la parte de sus cuotas anuales en la sociedad La Nueva Romareda ha sido otra piedra en el camino (hay diez millones pendientes de pago antes del 31 de diciembre tras un año de retrasos). Los paseos han desaparecido, ya no hay sonrisas ni visitas a los mejores despachos.
La propiedad tenía la oportunidad de hacer dos grandes negocios. Por un lado, el evidente desde el primer día y razón principal de ser de todo lo demás: la explotación de un estadio nuevo y de alta cualificación, así como la posible participación, de un modo u otro, en los futuros usos terciarios. Por el otro, el ascenso del Real Zaragoza a Primera División, donde las cifras económicas también se multiplican solas y el dinero hace dinero con mucha más facilidad. Jorge Mas y sus compañeros de viaje fueron recibidos con una alfombra roja. Tres años y medio después, el grupo inversor atraviesa una encrucijada y tiene mucho que reflexionar. Es tremendamente llamativo el desajuste entre la fuerza financiera de la SAD y la debilidad de sus resultados deportivos y su desamor con la ciudad.
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