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El emotivo adiós a Manolo Villanova, leyenda del Real Zaragoza: "Se ha ido un hombre bueno, un amigo"

El funeral por el aragonés se ha celebrado este lunes en Torrero con numerosa presencia de ilustres zaragocistas como Víctor Muñoz

Adiós a un grande del zaragocismo

Jaime Galindo

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

La despedida fue, seguramente, como él habría deseado. Zaragocismo a raudales antes, durante y después del adiós a «un hombre bueno», como le recordó el extrenador del Real Zaragoza Ranko Popovic: «Yo era su ayudante oficial para hacer paellas», presumía con una sonrisa el serbio, que apura sus últimas horas en tierras aragonesas antes de volver a a Serbia: «Le recordaré tal y como era: una persona maravillosa. Manolo era un hombre de fútbol, un señor, un zaragocista, pero, sobre todo, un gran tipo que siempre estaba ahí para ti».

Los momentos previos a un delicioso oficio con constantes guiños y referencias al Real Zaragoza y al amor incondicional de Manolo hacia su equipo del alma estuvieron presididos por los abrazos y los reencuentros. Zaragocistas de ayer entre los que estaban los exjugadores Casajús, Javi Suárez, Rubén Falcón, Moisés o Paredes, entre muchos otros; de hoy, como David Navarro, Ramón Lozano y Javier Garcés; y de siempre como Carlos Rojo, Luis Costa, Sigi, Reija, Víctor Muñoz, Pepe Díaz, Manolo Fontenla o Irazusta y Manolo Nieves, con los que compartía portería, repartían recuerdos a la entrada de una capilla abarrotada en la que esperaban el concejal de deportes Félix Brocate, los expresidentes Ángel Aznar y Eduardo Bandrés o el exconsejero Pepe Melero: «Manolo era, junto a Luis Costa y Manolo Nieves, uno de los grandes referentes que nos quedaban de zaragocistas que jugaron, entrenaron y fueron hombres de club, zaragocistas para todo. Un ejemplo de compromiso con el zaragocismo, de lo que apenas hay ya. Ahora nos quedan Costa y Nieves para cuidarlos y mimarlos», subrayaba Melero, sentado a unos metros del doctor Jesús Villanueva y del entrenador Iván Martínez, que también acudió a la despedida de Villanova recién concluida su estancia en el Yeclano.

De propio vino Víctor Muñoz, con una escayola en el brazo como parte de una «ITV» que alcanzó también a una pierna y que le obligó a buscar asiento después de haber empezado de pie el funeral en las últimas filas de la capilla. «Se ha ido un amigo. Eso es lo que era Manolo: un amigo», recordaba el entrenador, que solo estuvo en Zaragoza el tiempo justo para asistir a la ceremonia y mostrar sus condolencias a la familia.

El último paseo junto a Manolo transcurrió entre el llanto y los recuerdos. Fallecido a los 83 años el pasado sábado, Villanova lo fue todo en el Real Zaragoza. Aquel mítico portero de los zaraguayos, entrenador del primer equipo y del filial, coordinador de la Ciudad Deportiva y secretario técnico, encarnaba a la perfección la nobleza y el valor que pregona ese himno que tantas veces escuchó y cantó. Manolo ya descansa, su legado será eterno. Hasta siempre.

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