Con sabor a gloria bendita. La crónica del Málaga-Real Zaragoza (1-1)
Un penalti en el descuento convertido por Dani Gómez otorga un delicioso punto a un Real Zaragoza con Manolo Villanova en el recuerdo que enlaza su cuarto partido sin perder y se queda a dos puntos de la salvación

Dani Gómez lanza un beso para celebrar el tanto que daba el empate al Zaragoza en el descuento. / LALIGA

Tiene su punto el crecimiento de un Real Zaragoza que, si bien no fue el de las últimas semanas, obtuvo justo premio a su progresión a lo largo de un partido en el que, por tercera semana consecutiva, tiró de remolque tras volver a encajar primero. De menos a más, la recompensa se hizo esperar hasta el descuento, territorio en el que cualquier botín sabe a gloria bendita. Algo habrá tenido que ver el bueno de Manolo Villanova en todo esto.
No fue un buen Zaragoza el de la primera parte. Le superó tácticamente un Málaga mejor en la presión, en el espacio y con el balón. El problema de los aragoneses estaba en su costado derecho, donde los desajustes entre Francho, Guti, Aguirregabiria e Insua provocaban problemas gordos que entre Víctor, Larrubia y Joaquín se encargaron de convertir en ocasiones, aunque la primera había llegado bien pronto desde el otro lado. Una indecisión de Andrada estuvo a punto de costar caro, pero Lorenzo no acertó a conectar con un balón que, poco después, sí acabaría en el fondo de las mallas zaragocistas. Andrada repitió despiste para dejar un despeje blando al borde del área para que el mal disparo de Izan rebotara en Einar, en posición legal, y obligara a los de Sellés a tirar de remolque por tercera semana consecutiva.
El sopapo dolió de lo lindo a un Zaragoza que, si hasta entonces había sido ligeramente inferior, pasó a quedar sometido a un rival que, consciente de que la zaga blanquilla no ganará certamen alguno de velocidad, retaba a Insua y compañía a carreras y duelos que casi siempre caían del lado local. Como la que derivó en un centro de Larrubia, por supuesto desde la izquierda, y que no acabó en gol de Recio porque Pomares sacó el balón casi de su pie.
Pocas noticias había en ataque de un Zaragoza que llegaba poco y mal. Solo Valery aportaba cierta claridad en línea de tres cuartos y, precisamente, una internada del catalán con posterior centro a Kodro propició la primera ocasión más o menos clara de los aragoneses. El punta, muy activo, remató mal.
Las correcciones y ajustes en la derecha mejoraron a un Zaragoza al que el descanso le llegó justo cuando mejor estaba. De hecho, Francho tuvo en su pie derecho una gran oportunidad para producir el empate antes del intermedio, pero el canterano, muy desacertado durante todo el duelo, centró fatal.
La reanudación no alteró en gran cosa el litigio. El Málaga, mejor posicionado y con más calidad en sus atacantes, insistía desde las bandas, donde Larrubia, un futbolista en mayúsculas, puso un centro medido a Lorenzo que este mandó alto por poco. Pero, poco a poco, el Zaragoza fue creciendo. Ayudó el desgaste físico acumulado por un Málaga al que los cambios no mejoraron. Al contrario sucedió con un equipo aragonés al que la entrada de Tachi por un tocado (otra vez) Radovanovic le sentó casi tan bien como la posterior irrupción de Cuenca. El canterano encara, se atreve y reta y esa valentía era oro en paño para un Zaragoza sin profundidad ni desborde en una banda izquierda en la que Pomares, que también fue sustituido por Tasende, nunca dobla al compañero.
El crecimiento del Zaragoza, sin embargo, se frenaba en las inmediaciones del área rival, donde a los blanquillos se les nublaba la vista. Guti había probado fortuna con un disparo centrado inofensivo para Herrero y Andrada respondió bien colocado a un tiro de Niño que el delantero gestionó mal, pero la mejor ocasión llegó con un remate de Tachi a un saque de esquina botado en corto al que no llegaron por poco ni Soberón ni Insua.
El choque entró en el último cuarto de hora con un Zaragoza crecido y un Málaga encomendado a su sobriedad defensiva. Sellés tiró de Dani Gómez y Moya para diseñar una especie de 4-1-4-1 con un solo punta renunciando a otro delantero. El valenciano buscaba pasillos interiores y asociaciones como la que formaron Tachi y Dani en la primera acción del madrileño, al que un ágil Herrero negó el tanto con su guante derecho después de que el zaragocista, por suerte recuperado para la causa, le hubiera regateado.
Larrubia, como durante todo el choque, era un incordio. Desde la derecha, el talentoso atacante se encontró, ya en el descuento, con un Andrada crecido poco antes de que llegara la jugada clave. Recio agarraba dentro del área a Insua en una acción tan clara como innecesaria que no pasó inadvertida para el árbitro, que señaló el punto de penalti. Dani Gómez no falló y devolvió las tablas al marcador y acercaba la permanencia a solo dos puntos. Pero no estaba todo dicho. El Málaga se topó con un Andrada que puso de los nervios a la parroquia local y que, de nuevo amonestado, se perderá el duelo ante el Cádiz por sanción. Se paga con gusto el peaje por un punto con sabor a gloria bendita.
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