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Desde Vilna con amor | Más de 6.000 kilómetros en 17 horas por ver al Real Zaragoza: “Valió la pena, echaba mucho de menos a mi equipo”

Juan Valle, aragonés de 22 años que está estudiando en Lituania, hizo un viaje de ida y vuelta a Málaga: «Claro que valió la pena, echaba mucho de menos a mi equipo»

Juan Valle, a la izquierda, junto a Keidi Bare a la conclusión del encuentro disputado el lunes en Málaga.

Juan Valle, a la izquierda, junto a Keidi Bare a la conclusión del encuentro disputado el lunes en Málaga. / Diego Ávila / Real Zaragoza

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

«Desde aquí solo hay dos vuelos directos a España; uno a Barcelona y otro a Málaga. Vi que salía bastante bien de precio, lo consulté con mis padres y me lancé. Tenía que ir sí o sí». En apenas unos minutos, Juan Valle, zaragocista de cuna y corazón, gestionó uno de los viajes de su vida que le llevó desde Vilna, capital de Lituania, a Málaga, donde apenas estuvo 24 horas. Allí jugaba su Real Zaragoza el pasado lunes un partido clave y Juan, aragonés de 22 años, no se lo quería perder: «Aquí estoy de maravilla y está siendo una experiencia genial, pero el Zaragoza me está haciendo sufrir mucho. Además, en la residencia donde vivo hay mucha gente española de otros equipos de Segunda y eso lo hace aún más difícil», reconoce este zaragozano, estudiante de Teleco. «Aproveché que ahora no ando agobiado de exámenes y tenía un par de días libres. Incluso estuve mirando cuánto salía el viaje desde Zaragoza por si algún amigo quería encontrarse allí conmigo pero salía caro, así que fui solo».

La ida fue más cómoda que la vuelta. «Me levanté a las 9.30 para tomar un tren hasta Kaunas a las 11 menos algo y, desde allí, cogí un avión a las 15.45 que llegaba a Málaga a las 19.10. Si se retrasaba, corría peligro el partido, que empezaba a las 20.30, pero a las 20.15 estaba yo en la grada de La Rosaleda», repasa Juan, que recuerda el estado de locura transitoria en el que quedó inmerso cuando Dani Gómez marcó el empate en el descuento. «No soy mucho de dar botes, pero sí de los que se ponen atacados. Apenas pude mirar cuando Dani tiró el penalti. Soy sufridor de los que piden a la Pilarica y tengo clarísimo que nos salvamos. Confío plenamente porque ahora me siento muy identificado con un equipo que está compitiendo de verdad», asegura.

El retorno a Lituania fue una odisea. Tras pasar la noche en una habitación alquilada y dar una vuelta rápida por la ciudad, Juan cogió, a las 19.45, un avión con destino a Cracovia que le dejó en la ciudad polaca a las 23.30 «pero lo de después fue matador, porque tuve que pasar seis horas en el aeropuerto ya que el vuelo a Vilna salía a las 6.30. Así que por ahí estuve danzando un montón de rato», recuerda Juan.

Cuatro horas de vuelo más una hora y media de tren para ir y otras cuatro horas de vuelta desde Málaga en avión que se unen a las seis de espera en el aeropuerto de Cracovia y a otra hora más de vuelo hasta Vilna. Todo por el Zaragoza: «Por supuesto que valió la pena, lo repetiría sin dudar. Soy zaragocista de toda la vida, socio de los que va al campo con mi padre, mis primos y mi tía y solo estar ahí, en Málaga, viendo el partido hizo que todo mereciera la pena. Ya cuando bajé del avión y escuché a la gente hablando en español fue emocionante, así que imagínese lo que fue ver en directo a mi equipo y acompañarlo. Y disfruté mucho, echaba mucho de menos al Zaragoza».

Su historia llegó, a través de un amigo de Juan, a los oídos del Departamento de Comunicación del Real Zaragoza, cuyos miembros no dudaron en agradecerle su odisea distinguiéndolo como el aficionado del partido, un honor compartido con Keidi Bare, el mejor sobre el césped en Málaga y «un tío sensacional, una gran persona», afirma Juan, que en febrero volverá a casa: «Vilna me recuerda mucho a Zaragoza, una ciudad excepcional para vivir que tiene de todo y no es demasiado turística. Decía la gente que me iba a congelar, pero le aseguro que he pasado más frío en Zaragoza con el cierzo», asevera.

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