La crónica del Real Zaragoza-Cádiz (1-2). Los fantasmas no se han ido
El Zaragoza cae en un partido gris ante el Cádiz, donde recuperó la falta de talento y de dominio de las áreas que presidió su inicio de Liga y con una reacción tardía que no evitó una derrota que frena la buena línea

Sebas Moyano y Juan Sebastián, abatidos mientras los jugadores del Cádiz celebran el primer gol. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
El Real Zaragoza volvió a caer en su campo, esta vez ante el Cádiz, y frenó su estupenda dinámica para anclarse en la posición de colista y aplazar hasta 2026 la posibilidad de salir de la zona de peligro. El conjunto de Sellés volvió en la gran mayoría del partido a los fantasmas del pasado, a esa versión gris en ataque y débil en defensa que se vivió casi siempre con Gabi y en los inicios del entrenador valenciano, y se levantó al final, con un 0-2 en contra, con el autogol del desafortunado Radovanovic y con un golazo de Moussa. Tachi puso la primera piedra y hasta Adrián paró un penalti, pero no fue suficiente para sumar al menos un punto.
La reacción tardía del Zaragoza le mejoró algo la faz, pero lo cierto es que en la mayor parte del encuentro el equipo de Sellés fue inferior a un rival bien armado en el medio, muy físico y trabajado para que el fútbol directo zaragocista, ya que con balón faltó mucha, muchísima, lucidez, no tuviera efecto y se notara sobremanera la orfandad en la banda derecha, sin Francho y Aguirregabiria.
Lesión clave de Martín
La baja en el once de Francho, con unas molestias de rodilla que ya arrastraba, obligó a Sellés a apostar por Sebas Moyano en la banda en un equipo donde solo tocó la portería con la obligada novedad de Adrián y el Zaragoza salió enchufado con dos buenas acciones de Soberón sin rematador posterior y con un cabezazo alto de Radovanovic en un córner de Guti. Sin embargo, el isquio de Martín Aguirregabiria dijo basta y el Zaragoza perdió el otro bastión de ese carril junto a Francho y por eso sobre todo, o por lo que fuera, el equipo notó mucho el golpe. Juan Sebastián se situó de lateral y el Cádiz empezó a sentirse más cómodo por la banda de Climent y Ocampo por la zona huérfana de los zaragocistas, donde Moyano dejaba demasiado solo al canterano zaragocista.
Climent mandó dos centros que De la Rosa y Dawda no lograron rematar y Ocampo generaba mucho juego entre líneas con dominio en la medular gaditano y sin que el Zaragoza se encontrara a gusto en el campo. De la Rosa dejó sentado a Pomares y su centro-chut lo sacó Adrián, que despejó un remate de Ocampo y que metió un manotazo salvador tras un control sublime de espuela de Roger y un intento de vaselina que el meta neutralizó.
El Zaragoza sufría lo indecible con el balón y estaba a merced de su rival. Valery, desaparecido hasta ese momento, firmó una buena contra que Sebas Moyano puso en las botas de Kodro para que Jorge More despejara y Guti envió un pésimo centro en dos acciones aisladas antes de un descanso en el que la mejor noticia para el Zaragoza era no ir por debajo en el marcador en ese momento.
La segunda parte comenzó manteniendo el dominio cadista y con un posible penalti por agarrón a Insua que ni el árbitro ni el VAR vieron para que un remate de Kodro que dio en Jorge More rozara el gol, que tuvo en su cabeza Radovanovic en un buen centro de Guti. El defensa serbio no solo no se redimió de ese error, sino que acto seguido introdujo en su portería el despeje de Adrián tras remate de Roger a centro de Climent en el minuto 59 Sellés apostó entonces por los tres centrales con la entrada de Tachi y con Tasende de carrilero y el Zaragoza siguió a merced del rival y Adrián despejó un remate de Ocampo antes de que en un córner en corto un zapatazo lejano de Mousssa sorprendiera al portero balear para que en el minuto 65 el partido pareciera ya imposible.
Pero el ánimo zaragocista ahora es muy distinto al de hace dos meses, donde cualquier ventolera le hundía. Ahora, el espíritu es otro y Sellés recurrió a Dani Gómez y Toni Moya para que Iker Recio casi rozara el autogol en una falta de Moya y que Dani no pudiera rematar el centro de Tasende. Los cambios, de dibujo y de hombres, revitalizaron al Zaragoza, que en una apertura de Moya y en una perfecta dejada de Tasende encontró el premio con el soberbio tanto de Tachi para el 1-2 a falta de un cuarto de hora.
Con el partido muy abierto, un penalti absurdo de Insua lo paró Adrián en el lanzamiento de Iza y el Zaragoza quiso, pero apenas pudo, salvo en sendos malos intentos de Moya y Juan Sebastián y con demasiadas faltas que no debió cometer, demostrando que sus limitaciones de talento y sus debilidades en ambas áreas siguen ahí, que esos fantasmas no se han ido, como tampoco esa zona de peligro, de farolillo rojo, que le sigue acompañando. Salir de ahí va a exigir de mucho más y sobre todo limitar también la mediocridad de esta derrota con el Cádiz que frena la buena dinámica blanquilla.
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