Iñigo Eguaras, exjugador del Real Zaragoza: "He echado mucho de menos al Zaragoza, jamás me hubiese ido de allí"
El navarro, ahora en el Dunkerque francés, recuerda «la mejor etapa de mi vida deportiva» a pesar de su polémica salida: «Se dijo que éramos tóxicos en el vestuario, pero es mentira, ahí el club se portó mal conmigo»

Iñigo Eguaras, en sus primeras horas como jugador del Dunkerque galo, al que llegó el pasado verano. / DUNKERQUE FC

¿Cómo le va?
Por Francia ando, en el Dunkerque, de la Segunda División, y la verdad es que muy contento. Llegué en agosto para vivir una nueva experiencia y de momento todo ha ido genial. El equipo está bien y yo estoy contento, aunque llevo mes y medio parado.
¿Y eso?
La rodilla otra vez. Hace año y medio, tras lograr la salvación con el Almería, me rompí el cruzado y ahora, tras recibir un golpe, me está dando problemas otra vez.
¿Es grave?
Pues no lo sé. Hemos hecho pruebas y parece que no sale nada grave, pero comienzo a entrenar y tengo que parar porque sigo con molestias. Ahora, cuando llegue a España, visitaré al doctor que me operó a ver qué dice.
¿Cómo fue la lesión?
Rubi decidió no seguir en el Almería tras lograr la permanencia y llegó Vicente Moreno, que un par de días antes de empezar la Liga me dice que no cuenta conmigo. Llegamos a un acuerdo con el club y decido irme a Pamplona y esperar ahí hasta el mercado invernal entrenando mientras tanto con el equipo de mi pueblo, la Chantrea, de Tercera División. Pero, justo el día que cerré un acuerdo con un equipo escuché un crujido en la rodilla mientras entrenaba. Era el cruzado así que había que operar. Tuve la suerte después de que llegó el Celje esloveno, dirigido por Albert Riera, y fui allí a ver cómo iba la rodilla. Y fue una experiencia brutal.
¿Con qué se queda de lo que le pasó después de salir del Zaragoza?
Con el sueño cumplido de haber debutado en Primera División. Mire, yo no me quería ir del Zaragoza, estaba encantado con la ciudad, el club y la afición y disfrutaba del fútbol. Pero se torcieron las cosas y estuve obligado a salir y fichar por el Almería, con el que jugué en Primera. Y luego he ido afrontando retos y conociendo nuevas culturas y experiencias fuera de España.
Por aquí todo ha ido a peor…
Una pena. La etapa en el Zaragoza es la mejor que he tenido a nivel futbolístico y verlo ahora en esta situación da mucha lástima. Ya sentí el año pasado ese miedo a descender, pero el equipo logró salvarse y esta temporada todo ha ido mal desde el principio. Pero queda mucho tiempo para darle la vuelta a la situación y mantener la categoría. Para el Zaragoza, un descenso sería matador.
Quién lo iba a decir…
Tuve la suerte de jugar dos playoffs de ascenso con el Zaragoza, aunque un par de años también las pasamos un tanto canutas. Pero recuerdo que cuando me fui pensé que ahora que me iba el Zaragoza iba a subir porque cambiaron muchas cosas, entre ellas, la propiedad, que invirtió mucho en fichajes. Pero no han dado con la tecla y están en el alambre.
¿Mantiene contacto con alguien?
Hablo con Pombo, Delmás, Javi Ros, Ángel Martínez, Adrián o Mikel González, además de con trabajadores. Suelo bajar a Zaragoza de vez en cuando para estar un rato con ellos.
De la plantilla actual pocos quedan ya.
Solo Guti y Francho. Con Guti hablé porque su grave lesión coincidió con la mía y estuvimos en contacto.
¿Le dio muchas vueltas a su salida del Zaragoza?
Muchas. Las primeras semanas, en Almería no paraba de pensar que algo se me escapaba de lo que había pasado. Me reuní con el club un mes y pico antes del mercado de enero porque el Almería me había llamado y trasladado una oferta al Zaragoza, pero el director deportivo (Miguel Torrecilla) me dijo que no estaba en el mercado. Yo tenía dos años y medio de contrato y era feliz, así que encantado. Pero poco después nos llaman al despacho a Javi Ros, Adrián y a mí por separado para decirnos que estábamos en venta sin más motivos. Me levanté y me fui.
"¿Si se salvará el Zaragoza? Hace tres semanas le hubiera dicho que no"
¿Sin más?
Se dijeron muchas cosas, entre ellas, que éramos tóxicos en el vestuario, pero es mentira, como bien lo saben los jugadores de entonces. No quiero polemizar ni meter mierda ahora, pero se dijeron cosas que no son verdad y eso me dolió mucho porque nunca tuve una mala palabra ni un mal gesto y creía que, en ese aspecto, el club se había portado mal conmigo.
¿Se arrepiente de algo?
De nada. A la gente le puede parecer que no tengo mucho carácter, pero de puertas adentro la gente sabía cómo me comportaba y que cuando había que alzar la voz, lo hacía. Me quedo tranquilo porque podía haber actuado de otro modo, pero no lo vi adecuado porque estaba siendo muy feliz en Zaragoza y el club nunca había tenido un mal gesto conmigo, aunque es verdad que hubo personas que se portaron mal. Pero es pasado y ya está.
¿Fue la mayor decepción de su carrera?
Pero es que si me hubieran dado un motivo como que no voy a dar más en el campo, o que quieren cambiar, habría sido el primero en salir, pero no fue así. Sentí que me estaban abriendo la puerta pero yo no me quería ir. De hecho, le decía una y otra vez a Cuartero (director general) que no me iba hasta que vi que el club no iba a dar marcha atrás, llamé al Almería por si aún estaba interesado y me fui.
¿Quién ha echado más de menos a quién en estos cuatro años?
Yo he echado de menos al Zaragoza, mucho. Porque era feliz jugando en La Romareda ante 30.000 personas, con los compañeros que tenía y el fútbol que se hacía. Tuve más momentos buenos que malos. Era especial.
¿Pudo volver en algún momento?
No. Mi etapa acabó allí. Siento que no voy a poder dar más de lo que di y el Zaragoza no necesita a Eguaras, tiene jugadores que pueden aportar mucho más que yo, sobre todo jóvenes. Nunca ha habido contactos.
Quizá todo hubiese distinto si se hubiese logrado el ascenso, pero la pandemia acabó con todo.
Le he dado muchas vueltas a eso. Recuerdo que entre nosotros nos decíamos que aunque jugáramos mal sabíamos que íbamos a ganar y eso dice mucho de la dinámica del equipo, de la confianza que teníamos y de cómo era el grupo. Pero, de repente, en marzo todo se cortó de raíz y fue una hostia a mano abierta. Tengo la sensación de que si no llega la pandemia, habríamos ascendido seguro.
¿Qué se hizo mal durante el confinamiento?
Es que es muy complicado. Teníamos que estar con una bici estática en casa dando las clases de aeróbico, nos mandaban el trabajo pero no teníamos medios suficientes para ponernos en forma y cuando empezaron los entrenamientos eran sin contacto con nadie y con el cuerpo desacostumbrado tras tres meses encerrado. Recuerdo que el primer día de entrenamiento, que eran simples carreras, me rompí el gemelo.
¿Se salva el Zaragoza?
Si me lo llega a preguntar hace tres semanas le hubiera dicho que no, pero ahora se ha recortado algo la distancia y todo puede pasar. También es importante el mercado de invierno porque hay jugadores que son buenos pero no están dando el nivel esperado.
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