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La opinión de Sergio Pérez

El día de gloria de Sinan Bakis y los sólidos argumentos del Zaragoza de Rubén Sellés para creer en la salvación

El Real Zaragoza no mereció perder en Burgos y no perdió por la aparición estelar de Bakis

Rubén Sellés, en la banda de El Plantío antes del comienzo del partido.

Rubén Sellés, en la banda de El Plantío antes del comienzo del partido. / CARLOS GIL-ROIG

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Cuántas veces habrán oído hablar del siguiente lugar común en conversaciones, discusiones, argumentaciones o razonamientos sobre cómo es o cómo dejar de ser la Segunda División: la igualdad es máxima y los partidos se deciden por pequeños detalles. El Real Zaragoza jugó una buena primera parte en El Plantío, serio, con largos ratos de control del juego y generando peligro, suficiente en calidad para haber marcado antes del descanso.

El equipo volvió a estar bien puesto sobre el césped y fue competitivo, como le gusta a Rubén Sellés. Mereció el primer tanto del encuentro por volumen de juego y llegadas, aunque merecer es un verbo que puede tener malas conjugaciones en este deporte. Kodro pudo marcar en un disparo desde fuera del área en el minuto 23 y Valery malgastó la oportunidad más clara al recoger un rechace de Ander Cantero y estrellar su violento chut en el larguero prácticamente a bocajarro. En esa acción, Soberón debió pensar más en asistir que en acabar la jugada.

Sellés había entrado en el partido con Juan Sebastián en el lateral derecho en el lugar del lesionado Aguirregabiria, Tasende en el izquierdo en sustitución de Pomares, que había bajado su nivel últimamente, y Marcos Cuenca en el carril diestro, el hábitat natural de Francho, que no se recuperó de sus molestias en la rodilla a pesar de haber viajado. Es decir, la banda derecha totalmente nueva como frente al Cádiz y ausentes de nuevo dos de los futbolistas más protagonistas de la recuperación y piezas capitales en la estructura del entrenador por su energía, ritmo y despliegue físico.

Los pequeños detalles marcaron la primera parte. El Real Zaragoza no concretó su buen hacer en el área del Burgos por falta de precisión y contundencia y fue penalizado con lo poco que concedió en la propia. En la foto del 1-0 salieron retratados Juan Sebastián y Cuenca, que perdieron el foco de la acción, y Tasende, que se extravió con su par. David González estuvo más rápido y más listo.

El Real Zaragoza no dominó su área de manera absoluta y estuvo desacertado en la contraria hasta que Sinan Bakis dijo esta boca es mía y mandó callar con un pepinazo desde fuera del área que hizo justicia a los méritos de su equipo. Un golazo reivindicativo en una acción puntual brillante. Rubén Sellés le había dedicado muchos elogios. Este gol no debe nublar la necesidad de reforzar la delantera. Los palos de Juan Sebastián y Soberón, que se añadieron al de Valery, acabaron siendo menos penas. Andrada protagonizó varios vuelos: jugar con un buen portero también es un argumento.

El empate deja un buen sabor de boca antes del parón de la Navidad. La permanencia queda a cuatro puntos, con 17 en 19 jornadas, una cifra bajísima pero que permite dejar el puesto de colista. El Zaragoza de Sellés está vivo. Es un equipo que todavía puede salvarse por cómo se comporta y por lo que hace. También que puede bajar por lo que no hace o aún no tiene.

Mientras el fútbol se detiene para las fiestas, la pelota viaja ahora al tejado de Txema Indias, en cuyo acierto o desacierto estará el destino final de esta temporada tan compleja y con un riesgo de descenso latente. Sellés ha hecho una parte de su trabajo: comenzar con la resurrección y crear una estructura táctica con matices convincentes sobre la que crecer. Pero le faltan cosas que no tiene, más todavía sin Francho o Aguirregabiria. El director deportivo ha de fichar gol y desborde arriba, calidad en el medio y contundencia y dureza atrás para que la salvación sea efectivamente posible.

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