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El Zaragoza nunca se rinde. La crónica del Burgos-Real Zaragoza (1-1)

Un gol de Bakis en el descuento concede menos premio del merecido a un equipo que se estrelló tres veces contra la madera

VÍDEO | El Real Zaragoza rescata un punto en el descuento de Burgos

CARLOS GIL ROIG

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

No se rinde este Real Zaragoza al que Sellés ha inyectado fe en vena. No claudica un equipo frágil como ninguno en las áreas pero que no negocia el esfuerzo y la solidaridad como herramientas con las que combatir esa debilidad por falta de calidad que le condena desde que el balón echó a rodar, allá por el mes de agosto. No hinca la rodilla este Zaragoza honrado y valiente incluso cuando todo está en contra, también esa fortuna que estrella el balón hasta tres veces contra la madera. No se entregó nunca y el fútbol le otorgó una recompensa tan merecida como insuficiente por los méritos contraídos. Fue Bakis, al que el partido pedía mucho antes, el autor del tanto que manda de vacaciones al Zaragoza fuera del último puesto y a cuatro puntos de una permanencia que se está ganando, ahora sí, a pulso. Empieza el partido de Txema Indias.

Porque es tan cierto que el Zaragoza ha mejorado como que esa evolución es del todo insuficiente. En las áreas, donde se decide este juego, el equipo aragonés es tan frágil como siempre y eso amenaza seriamente su subsistencia en una categoría en la que ese pecado es mortal. Juega bien el Zaragoza, combina y se asocia con criterio y exhibe orden y solidaridad en defensa, pero su falta de calidad en las zonas decisivas le mata. En Burgos, como tantas otras veces, fue mucho mejor que el adversario en todo menos en eficacia en las dos parcelas y por eso se marchó al descanso, como siempre, a remolque. Habrá quién lamente la injusticia de un fútbol implacable pero, si esto se juega en las áreas, no puede haber mayor justicia que castigar la debilidad en los últimos metros, tanto en ataque como en defensa.

Y es que se veía venir tanto lo que pasó en la primera mitad que daba horror. El Zaragoza controlaba el partido y al rival. También suyas eran las ocasiones salvo la primera, de Córdoba al aprovechar un error de Tachi para toparse con Andrada. Kodro replicó con un tiro al que respondió bien Cantero y Soberón, en su enésimo partido nefasto, no llegó por poco a un buen centro de Tasende.

Pero, apenas rebasada la primera media hora, llegó la mejor ocasión visitante. Insua encontró muy bien a Soberón para que el cántabro, egoísta, ignorase a Valery y ejecutase un lanzamiento tan lejano como feo que Cantero despejó como pudo para dejar el balón en el pie derecho del catalán, que lo mandó al larguero para desesperación de las decenas de héroes zaragocistas que se dieron cita en Burgos en un día de perros.

Así que, dicho está, se veía venir que el Burgos no perdonaría la suya. Y no lo hizo. Cuenca, al que el oxígeno le dura cada vez menos, se desentendió de la ayuda a Juan Sebastián, al que Miguel superó con suficiencia para poner el balón en la bota de David, que definió a la perfección para volver a situar al Zaragoza en desventaja, el hábitat natural de un equipo que acumula 14 de los 19 encuentros jugados a remolque.

El mazazo dejó grogui al Zaragoza incluso tras el paso por vestuarios. Ya con la nieve envolviendo El Plantío, un error grosero de Keidi Bare estuvo a punto de sentenciar a los aragoneses, pero el tiro del delantero local salió fuera por poco justo antes de que el propio punta perdiese el duelo con Andrada.

Espabiló el Zaragoza a balón parado. Juan Sebastián cabeceó al palo un saque de esquina botado por Guti aunque Córdoba replicó enseguida con un buen disparo desbaratado a mano cambiada por Andrada. El partido entraba en su fase decisiva con el Zaragoza dominando pero el Burgos controlando.

Soberón y Kodro dispararon fuera antes de que Sellés sorprendiera a todos sacando del campo al segundo en lugar del primero para dar entrada a Gómez antes de que el cántabro rematara con la tibia un balón medido para mandar el esférico a la madera. No hay dos sin tres, ya se sabe.

Pero el Zaragoza no desesperó y se lanzó a por el empate, lo que le obligó a dejar unos espacios que Niño primero y Mario después estuvieron a punto de aprovechar poco después de que Soberón, egoísta como él solo, volviese a equivocarse en una contra clara en la que eligió de nuevo el disparo, malo, antes que el compañero. Con el Zaragoza centrando desde los lados, su presencia había dejado de tener sentido hace tiempo. En el 85 entró Bakis por él. Y el turco, en su versión del Andorra, rozó el gol en la primera con un cabezazo y, como el Zaragoza, insistió en la segunda con un misil marca de la casa en el descuento. Menos mal.

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