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La opinión de Sergio Pérez

Del ‘win-win’ con Samed Bazdar a un problema de tres millones de euros para el Real Zaragoza

En pocos meses, el delantero bosnio ha pasado de ser un tesoro a un problema deportivo y económico

Samed Bazdar, con una bufanda del Real Zaragoza en su presentación en el verano de 2024.

Samed Bazdar, con una bufanda del Real Zaragoza en su presentación en el verano de 2024. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

En el verano de 2024, el Real Zaragoza ejecutó una operación que en aquel momento se interpretó como un claro punto de inflexión en la política deportiva de la SAD. Después de muchas temporadas de ventas de los mejores activos futbolísticos, especialmente los surgidos de la Ciudad Deportiva, entre ellos Alejandro Francés con la actual propiedad, el club acometió un fichaje ambicioso y a un precio importante para la compleja situación financiera de la entidad.

El 17 de julio de 2024, el Real Zaragoza anunció la contratación de Samed Bazdar para cinco temporadas. Entre el primer pago por el 50% de la propiedad del delantero, ejecutado por entonces, y el segundo, realizado posteriormente de manera voluntaria para quedarse con el 50% restante, la SAD desembolsó tres millones de euros. El tercer fichaje más caro de la historia en Segunda después de Ricardo Oliveira, del Milan (club que nunca olvidará esta operación por lo ruinosa que fue económicamente para ellos con el concurso de acreedores por el medio) y la de Javier Arizmendi, del Valencia. Diez y cuatro millones, respectivamente.

Como suele ocurrir en el fútbol, uno de los más grandes regeneradores de ilusiones del planeta, Bazdar fue recibido con esperanza y altas expectativas. La irrupción del exdelantero del Partizan de Belgrado en la Segunda División fue estupenda de la mano de Víctor Fernández, un entrenador hecho a la medida de su fútbol, talentoso e imaginativo. Entre septiembre y octubre marcó cuatro goles, con un doblete en Tenerife.

Viendo el juego de cara, con una mirada panorámica privilegiada, Bazdar demostró también su capacidad de pase. En su campaña de debut repartió cuatro asistencias y se presentó como un jugador prometedor, con eso que se tiene o no se tiene. Por aquel entonces, la operación económica parecía una ganga para un futbolista de solo 20 años. Un ‘win-win’ de manual: rendimiento y, luego, revalorización y una buena plusvalía con un traspaso rentable.

Todo empezó a torcerse en diciembre de 2024 con una latosa lesión muscular que lo apartó de los terrenos de juego un par de meses. Bazdar se fue y ya nunca volvió. Miguel Ángel Ramírez y Gabi Fernández intentaron recuperarle sin éxito mientras el Real Zaragoza se jugaba el pescuezo y convivía con el riesgo de descenso.

Esta temporada, Bazdar tampoco ha regresado ni futbolística ni emocionalmente. Solo ha disputado ocho partidos, dos como titular. Lleva un gol, ante el Andorra en el Ibercaja Estadio, que acompañó de un gesto innecesario de no se sabe muy bien qué reivindicación. Ahora que se abre el mercado de enero, Samed está en la rampa de salida. Rubén Sellés le puso la cruz desde que llegó, pero sobre todo después del partido de Eibar. El técnico valenciano quería soldados para una guerra, dispuestos a todo y en cualquier situación. El bosnio estaba en otros pleitos: su cabeza ya no estaba aquí.

El caso de Bazdar demuestra lo extremadamente cambiante que puede ser el fútbol. Lo que parecía un tesoro, o al menos un jugador con una cierta capacidad de revalorizarse mientras aportaba calidad y distinción en el ataque, se ha convertido en un problema en cuestión de meses. La SAD pagó tres millones de euros por él, una cantidad que tendrá muy difícil recuperar. Lo que se ideó como un fichaje-negocio corre el riesgo de terminar siendo una operación de alto coste. Bazdar ha envejecido pronto en la ciudad. Pronto, mal y sin la predisposición más adecuada. El Real Zaragoza solo cuenta con un factor a su favor para que el 'win-win' de manual de hace solo un año no acabe en un destrozo económico. El bosnio todavía sigue siendo muy joven. Y la juventud siempre es un valor que cotiza bien.

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