La opinión de Sergio Pérez
El nuevo rol principal de Juan Forcén en el Real Zaragoza y el tiro por la culata con la presidencia de Jorge Mas
La Junta General de Accionistas fue un retrato de cómo está y por qué momento atraviesa el Real Zaragoza en sus principales niveles

Aured, Forcén y López, en la Junta General de Accionistas.l Real Zaragoza. / JAIME GALINDO

A veces, una imagen vale más que mil palabras. En la Junta General de Accionistas del Real Zaragoza del pasado martes, la mesa principal se configuró del siguiente modo. Presidiéndola, Juan Forcén, consejero aragonés de la SAD y uno de los accionistas con más peso. A su derecha, Mariano Aured, director financiero del club. A su izquierda, Fernando López, director general y Cristina Llop, consejera y secretaria del consejo de administración. Ausente, física y telemáticamente, Jorge Mas, el presidente.
Por primera vez desde que la actual propiedad aterrizó en la ciudad en la primavera de 2022, el empresario estadounidense con raíces cubanas no se presentó en la Junta de Accionistas en cualquiera de sus posibilidades. Fue el momento elegido por la SAD para hacer oficial la salida de Emilio Cruz, uno de sus consejeros más vinculados al Atlético de Madrid, cuyo lugar lo ocupa ya Guzmán Pérez-Ayo, abogado zaragozano cercano a Forcén. Su entrada ratifica la idea del nuevo hombre fuerte de la SAD de reforzar la identidad aragonesa del gobierno del club mientras sigue trabajando en tratar de convencer a algún empresario de la tierra para que se incorpore al accionariado con ese mismo objetivo: recuperar la raigambre perdida.
A la Junta también acudió Mariano Aguilar, consejero encargado del área deportiva y uno de los más activos en estos tres años y medio. Faltaron Pilar Gil, consejera designada por Joseph Oughourlian, además de Lawrence Cook, un auténtico desconocido por estos lares.
Las presencias y las ausencias no resultaron casuales sino causales. Fueron un retrato de cómo está y por qué momento atraviesa el Real Zaragoza desde el punto de vista estructural, cómo es la distribución de pesos en la toma de decisiones y cómo la actividad o pasividad de sus accionistas. Algunas imágenes fueron anticipatorias. De un tiempo a esta parte, Juan Forcén ha ganado mucha relevancia tanto en presencia pública como en la gestión diaria.
Nada es producto de una sola circunstancia, sino consecuencia de diferentes causas encadenadas, la última la ampliación de capital aprobada el pasado martes de algo más de 4 millones de euros a través de una sociedad de Luxemburgo llamada Real Z Luxco, detrás de la que está el propio Forcén, que ha ido aumentado de manera progresiva su ascendencia en la SAD a lo largo de estos últimos años.
El empresario zaragozano elogió a Jorge Mas en el turno de ruegos y preguntas en presencia de varios accionistas minoritarios. Alabó su trabajo como presidente del Real Zaragoza como le correspondía por amistad y un elemental ejercicio de lealtad. Sin embargo, esa percepción que Forcén exhibe de Mas está en las antípodas de la que la masa social tiene del máximo dirigente.
Después de un tiempo de gracia tras su aterrizaje en el sillón de mando, el zaragocismo percibe a Mas como un presidente ausente, cada día más separado del día a día del club y de la realidad de Aragón, centrado sobre todo en el Inter Miami, del que es propietario, y en sus negocios (según Forbes, su patrimonio neto supera los 1.300 millones).
Mas es un empresario con un magnífico porte, una extraordinaria reputación internacional, don con la palabra e imagen. Tiene todas las cualidades para ostentar un puesto representativo de la importancia del que posee en el Real Zaragoza, uno de los símbolos de esta comunidad, factor que nunca ha sido bien ponderado y tratado como correspondía. Sin embargo, la lejanía física y emocional con el club en momentos de máxima dificultad deportiva y su escasísima presencia sobre el terreno están haciendo que la distancia esté haciendo el olvido y el tiro esté saliendo por la culata. Mas lo podría haber tenido todo para haber logrado una gran empatía generalizada, pero no ha conseguido tocar la fibra sentimental de la masa social. Así ha llegado a este punto. No es posible querer sin ser querido.
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