La opinión de Sergio Pérez
El espíritu reformista de Fernando López en el Real Zaragoza y los cinco meses más críticos en la historia del club
De nada le servirán a López y al club su buena gestión económica, constatable con datos irrefutables, y su voluntad reformadora si no evitan un descenso que sería catastrófico

Fernando López, director general del Real Zaragoza, posa para una entrevista con este diario. / JOSEMA MOLINA

A principios de junio de 2024 estalló una de las bombas informativas desde la llegada de la actual propiedad al Real Zaragoza. Raúl Sanllehí dejaba el puesto de director general, exhausto y desgastado según confesó él mismo en una carta de despedida. El ejecutivo barcelonés, que ahora trabaja bajo la estructura del Inter Miami a las órdenes de Jorge Mas, también su jefe en su etapa en la capital aragonesa, fue una pieza capital en el aterrizaje y en los primeros pasos del grupo inversor en la ciudad: en el antes, en el durante y después.
Su marcha fue vendida como un acuerdo mutuo entre las partes y, en su comunicado público, la SAD elogió la modernización y transformación que el Real Zaragoza había experimentado con Sanllehí en la dirección general. En esas dos campañas, el equipo fue decimotercero a 14 puntos del playoff y decimoquinto, a trece del sexto. Su sustituto fue Fernando López, un joven ejecutivo madrileño que venía de dirigir el destino del Atlético Ottawa en Canadá, franquicia del Atlético y posteriormente destino de Alberto Zapater. El gran capitán terminó allí su carrera futbolística hace unas semanas.
Después de un tiempo de aprendizaje, de estudiar, ver y reflexionar sobre la situación del Real Zaragoza, López puso en marcha lo que llamó ‘Real Zaragoza 2027: construyendo el futuro’, una hoja de ruta para convertir a la SAD en una entidad más sólida y competitiva de camino a ese año, 2027, no elegido casualmente sino para hacer coincidir la ejecución del proyecto con la inauguración de La Nueva Romareda, el estadio que cambiará para siempre el futuro del club, primero desde el punto de vista económico y, sin muchas torpezas, deportivamente también.
Esa idea teórica quedó verbalizada por López del siguiente modo: “Cuando llegué pensaba que la realidad y la situación del club era una y la verdad es que me he encontrado otra. El club tiene una serie de problemas estructurales profundos que necesitamos arreglar y que no se han arreglado hasta el momento. La idea es cambiar todo lo que haga falta. Estas medidas van a afectar a todas las áreas del club”.
Es decir, lo que Fernando López ha puesto en marcha es un proceso de modernización y transformación del club con el que, a decir verdad, nadie había hecho nada de manera seria desde 2022. Hasta hoy, el director general ha actuado sobre todo en el área de negocio y corporativa con varios fichajes y menos en la de fútbol, donde el Zaragoza sigue contando con una estructura débil a pesar de la incorporación de David Navarro en el puesto de Coordinador Deportivo del Área de Fútbol.
Los cambios seguirán llegando en todos los niveles de la estructura en los próximos meses. López es un ejecutivo que tiene voluntad modernizadora. Es un hombre capaz de hacer autocrítica pública en su nivel máximo, con un evidente espíritu reformista y que ha entendido que el Real Zaragoza estaba anclado en el pasado y desactualizado en áreas claves, trabajando en MS-DOS en la era de la Inteligencia Artificial.
Mientras todo eso sucede, con un buen propósito y ya veremos con qué resultado, que no es lo mismo querer que poder, el Real Zaragoza vive otra temporada catastrófica a nivel deportivo. A pesar de la mejoría experimentada con Rubén Sellés, el equipo está pasando las Navidades a cuatro puntos de la salvación y ha puesto en riesgo su continuidad en el fútbol profesional de aquí al final de la Liga. De nada le servirán a López y al club su buena gestión económica, constatable con datos irrefutables, y su voluntad reformadora si la temporada termina con un descenso a Primera RFEF, un escenario que sería calamitoso para la propia SAD, para Zaragoza y para todo Aragón.
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